¿Por qué la espantosa densidad criminal en México? ¿Por qué por cualquier espacio o resquicio que deja abierto el Estado se desborda la delincuencia? ¿Por qué surgen y se multiplican decenas de miles de delincuentes crueles e implacables? Seguimos esperando respuestas de los sociólogos.

Los demagogos apelan a lugares comunes y hablan de pobreza, desempleo o falta de oportunidades, e incluso de inmigración, como fuente de inseguridad y criminalidad. Pero no existe ninguna evidencia estadística que lo constate, ni en nuestro país (ni con datos cruzados de municipios y estados, ni con series de tiempo), ni en Estados Unidos, ni en América Latina, ni en el resto de las naciones del mundo. No hay ninguna correlación relevante, menos, causación.

De lo que sí hay cierta evidencia es de una relación negativa entre aptitud y presencia policiaca y delincuencia. En México, es obvia la nula o muy limitada capacidad de las fuerzas policiacas de inhibir la comisión de delitos. La impunidad y bajos costos y riesgos de delinquir también juegan, dada la ineficacia estrepitosa de los aparatos de procuración e impartición de justicia y la consecuente baja probabilidad de que responsables de delitos sean capturados y juzgados. Hay desconfianza profunda, y los ciudadanos no presentan denuncias. Importa también, y mucho, una cultura generalizada de ilegalidad, y desde luego, de la disolución de estructuras familiares y cívicas de integración social. El narcotráfico y los ingresos y estilos de vida que promete seducen a jóvenes que son reclutados y que tienen expectativas de consumo incompatibles con su situación socioeconómica.

Una presunción razonable, como matriz de delincuencia, son escenarios urbanos de aislamiento, dispersión, desolación, vandalismo (la hipótesis de las ventanas rotas ), abandono, fealdad, ausencia de espacios públicos estimulantes y productivos y desmadejamiento de redes de cohesión social. La decadencia y degradación del espacio público invita y reproduce conductas que bordean la ilegalidad o transcurren francamente en el ámbito delictivo. Esto, aunado a la tolerancia hacia el desorden, hacia infracciones menores recurrentes, y hacia el vandalismo en diversas facetas, crea un nutritivo caldo de cultivo para la delincuencia, dando señales de permisividad, bajos costos y riesgos para la criminalidad.

Por su parte, la subversión política, que sobrevive -e incluso se acrecienta- y que tiene ramificaciones o vasos comunicantes con diversos movimientos guerrilleros, anarquistas o antisistémicos, también es concurrente en distintos espacios con la delincuencia común y con aquella ligada al narcotráfico; de hecho, se confunden. Contribuyen, probablemente, la deserción escolar y la frustración que conlleva así como el resentimiento por falta de oportunidades aceptables de empleo, dados los bajos salarios por baja productividad y sobreoferta en el mercado laboral tanto formal como informal.

En este escenario inasible e imbatible de delincuencia se hace indispensable actuar en todos los frentes. Es indispensable la transformación de los aparatos policiacos bajo mandos únicos con responsables claramente identificados en demarcaciones precisas y sistemas de reclutamiento, desarrollo, capacitación y equipamiento con tecnología de punta, meritocracia y carrera policial homologada y con buenos salarios. Son esenciales estrategias de presencia, despliegue y vigilancia intensivas en zonas y sectores de alta incidencia con un principio de cero tolerancia. Es claro que se requieren nuevos sistemas expeditos de denuncia y seguimiento así como indicadores, objetivos y metas regionalizados. La inteligencia es vital para combatir al crimen organizado, al igual que policías científicas modernas de investigación, junto con una coordinación estrecha entre fuerzas federales y policías estatales y locales. Y, en todo caso, es impostergable la reconstrucción desde la base de la sociedad, de valores cívicos y familiares de respeto, legalidad y Estado de Derecho, y una política de mejoramiento del espacio público, de orden y presencia policiaca. Tal vez así...