Leopoldo López escapa (o posiblemente existió una negociación triangulada entre España, Zapatero y Maduro) de la policía política de Nicolás Maduro y al mismo tiempo reabre una herida diplomática entre el régimen venezolano con el gobierno español luego de haber abandonado la legación encabezada por Jesús Silva de manera sorpresiva y clandestina.

Son varios giros políticos los que va a producir la fuga de López:

1. Leopoldo López va a reforzar la campaña en contra de las elecciones legislativas que organizará Nicolás Maduro en diciembre.

2. El líder histórico del partido Voluntad Popular le dará otra vuelta de tuerca al ánimo de la oposición afectado por dos hechos importantes: a) El fallido operativo de la empresa Silvercorp con la que de manera ingenua J.J Rendón acordó derrocar a Maduro con la firma de Guaidó estampada en el contrato; b) La profunda fisura que provocó Henrique Capriles entre la oposición al decidir participar en las elecciones legislativas de diciembre, decisión que canceló cuando Josep Borrell, Alto Representante de Política Exterior de la UE anunció que el bloque de los 27 no enviará a observadores, es decir, no reconocerá la legitimidad de los comicios.

3. Leopoldo López es la figura con mayor magnetismo político en Venezuela. Luego de haber estado preso durante tres años y cinco meses en la cárcel militar Ramo Verde, su perfil político maduró y su empatía mediática creció de forma significativa, inclusive, por encima de la de Juan Guaidó. Es muy posible que Leopoldo López tome la estafeta de Guaidó en enero, después de que Maduro se haga del control de la Asamblea Nacional.

4. Durante dos años la oposición a Maduro creció desde Estados Unidos, en gran medida, gracias al trabajo realizado por el senador republicano Marco Rubio. Sin embargo, la dependencia cayó en un impasse en lo que va del 2020 debido a la celebración de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Donald Trump enfocó su interés electoral en Cuba y no en Venezuela, a la hora de promover el voto entre aquella comunidad que vive en Florida.

Donald Trump no quiso llegar más lejos de lo que ha hecho en contra de Nicolás Maduro porque en el fondo no le desagrada su perfil autoritario. Es más, podría gustarle su desprecio por la división de poderes, los medios de comunicación críticos y la oposición.

Ahora se sabe que Richard Grenell fue enviado por Trump a México el mes pasado para reunirse con Jorge Rodríguez, exministro de Comunicación de Maduro, con el objetivo de facilitar una transición pacífica. Grenell ha trabajado en la administración estadounidense como embajador en Alemania, director interino de Inteligencia Nacional y recientemente como enviado para las negociaciones de Kosovo y Serbia.

Jorge Rodríguez parece un ciudadano mexicano. Pese a su perfil criminal, entra y sale del país como si viajara al interior de Venezuela. Su cinismo no tiene límites. Tiene a algunos miembros de su familia viviendo en la Ciudad de México. ¿Nos vamos a convertir en refugio de personajes autoritarios como en el siglo pasado lo fue Paraguay?

La oposición venezolana ha dejado de creer en Donald Trump. El escenario que manejan ahora es la victoria de Joe Biden.

Será después del 3 de noviembre cuando se repartan nuevas cartas. Para ese momento Leopoldo López será la figura que cargue en sus espaldas el futuro liderazgo de la oposición. En diciembre Maduro se quedará con la Asamblea Nacional y Venezuela se convertirá en la nueva Nicaragua donde no existe un solo poder independiente al régimen de Daniel Ortega.

Nicolás Maduro se despertará el primero de enero con una peligrosa acumulación de crisis: economía, sanidad, geopolítica y social. ¿Qué hará Leopoldo López?

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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