Durante 2011 se sumaron a la informalidad en México 4,517 personas cada 24 horas, para finalizar el año en una cifra récord de 14 millones de habitantes.

Según cifras del INEGI, la economía subterránea –como también se le conoce- representó 29.2% de la población ocupada, es decir, de cada 100 personas que contaron con un empleo en el país, 30 lo desempeñaron en ese sector económico.

Al cierre de 2010, la informalidad se integró por 12.32 millones habitantes, 27.15% de la población ocupada, lo que significó que en un año se incorporaron a sus filas 1.65 millones.

En el género femenino el fenómeno pasó de 28.88% de las mujeres con un empleo en el cuarto trimestre de 2010 a 31.05% en igual periodo del año pasado, es decir, de 4.9 a 5.7 millones.

En los hombres creció de 26.12 a 28.04% en el periodo, esto es, de 7.4 a 8.3 millones.

La cifra nacional reportada por el INEGI se acercó al número de empleos formales que registró la Secretaria del Trabajo en diciembre del año pasado, que fue de 15.20 millones de cotizantes.

En términos acumulados, en el primer lustro de la administración de Felipe Calderón, se sumaron a la economía subterránea cerca de 2.5 millones de habitantes, una cifra superior al total de las plazas formales creadas en el periodo (1.63 millones).

El INEGI define la informalidad como aquellas actividades económicas que operan a partir de los recursos de los hogares, pero sin constituirse como empresas. Según estimaciones del investigador de la UNAM, Jesús Sánchez Arciniega, representa hasta 35% del Producto Interno Bruto del país.

El fenómeno es -sin duda- un mal necesario en el país, que refleja la capacidad limitada de generación de empleos bien remunerados.

El año pasado se crearon poco más de 590,000 plazas formales, sólo 60% del millón de empleos que requiere México año con año. Sin embargo, -con todo y eso- el número de desempleados fue menor en 2011, -claro- por el crecimiento del sector informal y no por trabajos permanentes.

La población desocupada en el cuarto trimestre de 2011 ascendió a 2.4 millones de personas, es decir, 4.8% de las personas en edad de trabajar –conocida como Población Económicamente Activa (PEA)-

Si bien fue menor a la observada en igual periodo de 2010, que fue de 5.3%, no logró recuperar los niveles previos a la crisis económica, de entre 3 y 4 por ciento.

Eso sin contar que el número de individuos que están en la subocupación –es decir, aquellos habitantes que ya cuentan con una plaza, pero que aseguran tener necesidad y disponibilidad de tener un segundo trabajo- aumentó de manera importante.

De octubre a diciembre de 2011, el universo del subempleo estuvo integrado por 4.3 millones de personas, 9% de la población ocupada, que significó 835,000 individuos más que en 2010.

En cuanto a las condiciones de trabajo, se puede observar que el número de personas que ganó hasta un salario mínimo (1,746 pesos al mes, en promedio de la zona A, B y C) aumentó de 12.66% de la población ocupada en el cuarto trimestre de 2010 a 13.31% en igual periodo de 2011. El salario mínimo promedio creció en términos reales sólo 0.67% en 2011, respecto al año previo.

Otro ejemplo de que las condiciones en el mercado laboral no terminan de recuperarse es la medición del acceso a las instituciones de salud. El indicador reveló que la población ocupada que se encontró en esa situación pasó de 63.44% a 64.44% en el mismo periodo.