La anunciada cruzada contra el empleo informal no ha servido por muchas razones, la principal es que no hay una estrategia clara.

La Cruzada Nacional contra el Empleo Informal se anunció en julio del 2013. En el momento de ese acuerdo había alrededor de 30 millones de trabajadores en la informalidad. Medio año después sigue habiendo alrededor de 30 millones. En un lado está la puesta en escena, inundada de voluntarismo. En otro está la realidad, impermeable.

El anuncio de la cruzada se dio en un escenario casi teatral. Ahí gobernadores, empresarios, sindicatos y gobierno federal se dieron la mano y firmaron un compromiso sobre un asunto que los rebasaba. Cuando despertaron, la informalidad seguía allí Aquí y en todos lados. Alrededor de 14 millones de los trabajadores informales están en empresas no registradas ante el IMSS o Hacienda; casi 2 millones y medio son trabajadoras domésticas remuneradas; más de 6 millones laboran en el campo y un número indeterminado puede definirse como multichambas.

La cruzada anunciada no ha servido por muchas razones, la principal es que no hay una estrategia clara. Juntar gobernadores, empresarios, sindicatos y funcionarios federales para firmar un documento es pensamiento mágico, no una estrategia. Reproducir esa firma en la mayoría de las entidades federativas no contribuye a resolver el problema, sigue siendo un pensamiento mágico.

La Organización Internacional del Trabajo y la Secretaría del Trabajo definen la informalidad como el mayor problema de México. Asumiendo que se refieren al mayor problema del mundo laboral, llama la atención la ausencia de respuestas concretas que hay frente a la pregunta ¿cómo se reducirá la informalidad? La reforma fiscal se quedó corta en el combate a las actividades informales. La reforma laboral aparece como muy limitada en la promoción del empleo formal. ¿Dónde está la solución?

A finales del 2013, México tenía 58.8% de su población laborando en la informalidad. Era 60% a fines del 2012. Tenemos la menor tasa de informalidad en los últimos cuatro años, le dice en entrevista el secretario el Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, a Mario Vázquez Raña. El funcionario federal parece asumir que la cruzada contra la informalidad ya está dando resultados. Digo parece porque no se si hay un problema en la transcripción de sus palabras. Doy por bueno lo publicado y me sorprende: quién puede hablar de resultados con una reducción de 0.2%, ese porcentaje cabe en el margen de error. A ese ritmo se necesitaría un par de siglos para llegar a una tasa de informalidad de 15% o menos.

El tema es muy complicado. Vivimos en el continente con la mayor proporción de informales en el planeta. Guatemala tiene 76.8%; Honduras alcanza 72.7 y Perú está en torno de 69%; la OIT calcula que se necesitarían 50 años para reducir a la mitad la tasa de informalidad en nuestro continente. El estudio no ofrece recetas, más bien llama a reconocer la complejidad del fenómeno. Los trabajadores informales no siempre son pobres y algunas veces (las menos) son más productivos que en la formalidad, aunque casi siempre hay más vulnerabilidad. En la informalidad hay más accidentes laborales y mayores niveles de discriminación por género, raza o edad. La OIT pide hacer frente a las causas y a paliar las consecuencias más negativas, ¿ustedes creen que las reformas fiscal y laboral sirven para paliar las consecuencias más negativas de la informalidad? Yo no.

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