El Inegi publicó la inflación para la primera quincena de noviembre. El dato apunta a una inflación anualizada superior a 7%, nivel no sólo fuera del parámetro de la tasa objetivo de inflación de Banco de México (de 3% con un margen de más menos 1%), sino que además se encuentra fuera de lo previsto por la mayor parte de los especialistas, qué esperaban si no una caída pronunciada, por lo menos que ésta se mantuviera sobre niveles cercanos a 6 por ciento.

Como antes he señalado, el dato de inflación preocupa porque varias de las observaciones de los últimos meses son similares las del último episodio inflacionario vinculado con el gasolinazo durante la administración anterior, pero otras incluso se remontan a las observadas hace más de una década y antes, cuando todavía luchábamos por mantener en niveles controlados la inflación después de periodos de severa crisis económica.

La inflación tiene hoy un componente coyuntural atípico, que se deriva de las afectaciones en cadenas de producción y suministro producto de la pandemia y, por ello, no es la inflación típica que se presenta cuándo una economía se sobrecalienta, cuando generalmente se asocia a dos factores adicionales: un crecimiento de la tasa de ocupación y empleo y, un incremento del nivel de consumo (que a su vez generan una presión sobre los precios).

En el caso de México, la última encuesta nacional de ocupación y empleo muestra que, en palabras del presidente del Inegi, “si bien la población ocupada al 2021-T3 (55.8 millones) ya superó el nivel prepandemia en 2020-T1 (55 millones), en ese lapso la población de 15+ subió en casi tres millones; se requerirían 900,000 personas para que la población ocupada alcance la misma proporción del total”. Asimismo, los datos de consumo no se han recuperado a los niveles previos a la pandemia. La afectación del ingreso de los hogares hace que estos gasten menos.

En este entorno, las medidas de política monetaria, que en México tienden a ser menos eficaces que en otras economías para frenar la inflación, van a enfrentar adicionalmente ese obstáculo. Hoy en Estados Unidos incluso se discute si es o no conveniente que la Reserva Federal aumente la tasa de interés ante las presiones inflacionarias o si debe de esperar a que se dé una mayor recuperación del empleo.

Para nuestro país, existirá además en el corto plazo un elemento adicional de presión sobre la inflación. Históricamente, el tipo de cambio, cuando presenta periodos sostenidos de depreciación, genera una presión adicional sobre los precios, al afectar el precio de los insumos de muchos bienes importados. Este fenómeno, conocido como pass thru del tipo de cambio, puede alimentar la inflación más allá de lo que naturalmente se esperaría en el inicio del próximo año, cuando por cambio en la base de comparación, relación debería de regresar a niveles más bien cercanos a 4 por ciento.

En las últimas horas, el tipo de cambio se ha visto afectado, además de por la previsión anticipada de los mercados financieros ante potenciales movimientos el próximo año de la tasa de referencia en Estados Unidos, por un componente de desconfianza interna en México, derivada de la incertidumbre en los nombramientos relacionados con el Banco de México que, para muchos, genera preocupaciones sobre la autonomía que dicho Banco Central sostenga en el futuro.

Más incertidumbre y un entorno internacional adverso pueden alimentar la inflación y volverla aun más preocupante.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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