En México, las instituciones están en crisis, el ciudadano desconfía y las acusa de todo lo imaginable y de ello tienen culpa los políticos corruptos y las leyes que los protegen, pero dentro de las pocas instituciones que se han consolidado y que hoy son garantía de seriedad, profesionalismo e independencia está el Inegi. Confieso sesgo en mi opinión, ya que ahí trabajé hace más de 20 años, pero cada que puedo con orgullo la considero mi segunda universidad: en la UNAM estudié y en el Inegi aprendí a trabajar.

Pues resulta que en el 2016 nos amanecemos con un Inegi que tendrá nuevo presidente de su junta de gobierno, será Julio Santaella, a quien no tengo el gusto de conocer, y digo gusto porque el ver su historia de vida me lo dibuja sumamente inteligente.

Pero esta columna no es para dar una noticia que ya es conocida, sino para expresar mi reconocimiento a tres mexicanos a los que les debemos lo que hoy es el Inegi, con los tres me tocó coincidir y a los tres les tengo aprecio y admiración. En 1983 nace el Inegi bajo el diseño del Dr. Pedro Aspe, primer presidente del instituto. A él se le ocurre unir en una sola institución a la estadística (que venía de realizar por cierto un muy mal censo de población en 1980); a la informática, que en ese momento apenas iniciaba y ni se imaginaban hasta dónde llegaría, al grado que en el área de encuestas no se contaba con una sola computadora y las estimaciones se hacían utilizando lápices bicolores; se unificó también en la institución al área de Geografía y hay que reconocerle la visión lo que antes era sólo elaborar mapas hoy todo lo tenemos georeferenciado: podemos saber lo que hay en cada pedacito de nuestro territorio y todo eso gracias a la visión del Dr. Aspe ; por último, se integró la parte encargada de difundir los datos, de nada servía generarlos sin que se le hiciera a la población partícipe y se le enseñara a usarlos, así que a Pedro Aspe lo considero el padre fundador del Inegi.

Después de presidencias cortas de Rogelio Montemayor y Humberto Molina, llega en 1994 el Dr. Carlos Jarque, joven brillante que había realizado su servicio social para recibirse de actuario justo en la entonces Dirección General de Estadística. Jarque toma un Inegi que hoy sólo nos quedaría calificarlo como arcaico, lo acepta en su nivel más bajo de operación y logra una modernización que es reconocida en todo el mundo, lo dota de tecnología, implementa un servicio de profesionalización para mantener al personal y de capacitación permanente como camino al ascenso; es la etapa de mi vida donde más aprendí tomando e impartiendo cursos, y colaborando con profesionales que después veríamos destacar en la vida pública y privada. Carlos Jarque es para mí el modernizador del Inegi.

Uno de los profesionales que estuvo en la época de Jarque fue precisamente el Dr. Eduardo Sojo, el hoy saliente presidente. Sojo de joven fue encuestador, al regresar de su doctorado su primer trabajo fue precisamente en las filas de esta institución, es otro valor creado dentro del organismo y eso lo aprovechó al máximo, conocía no sólo al personal sino cada rincón del instituto, las virtudes y los defectos, y al llegar al Inegi sabía la importancia de saber comunicar, de simplificar mensajes, el valor de la credibilidad y todo ello lo supo aprovechar: convirtió al Inegi en una institución de vanguardia mundial en productos, en difusión, en transparencia en sus procesos, lo tomó de un estado elevado donde podía haber navegado sin presiones, y lo elevó a un nivel de excelencia mundial. Eduardo Sojo es para mí no sólo quien logra potenciar las virtudes de la institución y su personal, sino a pesar de mi alta opinión de los anteriores, considero que ha sido el mejor presidente: llegó cuando se necesitaba e hizo más de lo que se esperaba de él.

Aunque la institución ha tenido ocho presidentes contando al actual, lo que hoy tenemos se lo debemos particularmente a los tres que menciono: Pedro Aspe, Carlos Jarque y Eduardo Sojo. Los tres, cada uno en su momento, tomaron una institución y la hicieron crecer, gracias a ellos México tiene hoy un organismo como el Inegi. Y así como declaré que hay un dejo de simpatía personal por haber trabajado ahí, ahora también aclaro que no tengo ni busco ningún vínculo con la institución, mis palabras son la forma de homenajear a quienes vi trabajando por ella.

Para el nuevo presidente, Julio Santaella, sólo tengo buenos deseos; a él le tocará, por ejemplo, organizar el censo de población del 2020; coordinará la generación de estadística coyuntural y estructural estos años y nos dirá el éxito o fracaso de las reformas impulsadas por el actual gobierno, y todo ello deberá hacerlo con claridad y puntualidad. Alguna vez alguien me dijo que no importaba quién fuera el presidente, porque el Inegi ya es una máquina aceitada que con sus metodologías genera los productos, pero difiero: sí importa, y mucho, porque no se trata solamente de generar información, sino de que se le entienda, que se use y que se le crea, y para todo ello ayuda mucho tener una voz creíble; eso espero del nuevo presidente a quien ya tendré oportunidad de conocer.

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