El fantasma de la indignación recorre el mundo. Obedece a muchas causas y tiene variadas manifestaciones. Pero esencialmente pueden reconocerse el efecto nocivo que tiene la concentración de la riqueza, la enorme desigualdad de oportunidades, el desempleo, la corrupción, el abuso y desperdicio del dinero público con fines privados, la ineficiencia de los controles.

La población se siente ultrajada y rechaza la política tradicional porque la considera inútil.

Este estado de situación crea nuevas formaciones políticas y movimientos nacionales populistas que aparecen respetando las reglas de la democracia, pero que llevan en si la semilla del autoritarismo.

Y es que la democracia vive su propia crisis, porque el progreso dejó de ser un recorrido lineal para convertirse en un mito. Por la acción de las elites que le vaciaron su contenido, quitándole contacto con los ciudadanos. Esto explica las ausencias de legitimidad y representación.

Hoy tenemos un capitalismo del ego que engendra monstruos. Dice el sociólogo alemán Ulrich Beck: Nadie cree ya en nada, sólo en lo que cada uno quiere: de ahí se deriva la desconfianza de todos frente a todos. La ceguera del Fausto digital ha dado origen a una crisis . La pregunta resultante: ¿Todavía es posible más libertad política y económica, más seguridad social y más democracia?

Y en eso llegó Trump. Un caso para psiquiatras. No es broma. Por todo lo que hace y dice; miente cuatro veces al día. The Washington Post reveló que durante el primer mes del mandato de Trump, el diario detectó 133 falsedades. Y su tema favorito es la inmigración, con 24 afirmaciones falsas.

Un grupo de psiquiatras enviaron una carta a The New York Times, en donde dicen lo siguiente: Las palabras y las acciones del señor Trump demuestran una incapacidad para tolerar puntos de vista diferentes a los suyos, lo cual lo lleva a reaccionar con rabia. Sus palabras y su conducta sugieren una profunda falta de empatía. Los individuos con estas características distorsionan la realidad para adaptarla a su estado psicológico, descalificando los hechos y a quienes los transmiten (periodistas y científicos). En un líder poderoso, estos ataques tenderán a aumentar ya que el mito de su propia grandeza parecerá haberse confirmado. Creemos que la grave inestabilidad emocional evidenciada por los discursos y las acciones del señor Trump lo incapacitan para desempeñarse sin peligro como presidente .

Internamente, en Estados Unidos se libra una batalla de las instituciones para resistir las aberraciones del presidente.

¿Y nosotros qué? Se aceptan las palabras comedidas de Rex Tillerson y de John Kelly, secretario de Estado, el primero y secretario de Seguridad Nacional, el segundo. El problema es Trump. Por ello, el gobierno de México tiene urgentemente que pintar su raya en todos los asuntos de su relación con Estados Unidos. Hay que evitar el triunfo de lo imprevisible.