Es una buena cosa que los candidatos a la Presidencia no se hayan ocupado de este tema; es un asunto muy importante como para dejarlo en manos de políticos.

Empezamos esta columna con dos noticias. La buena es que acaba de publicarse el estudio comparativo más completo acerca de la felicidad en el mundo. La mala es que México ocupa el lugar número 61 en el índice mundial de felicidad. En la tabla, estamos muy cerca de Marruecos, Bangladesh, Uganda, Guatemala e Israel.

Podemos rebelarnos ante las conclusiones del informe, hecho por el Earth Institute de la Universidad de Columbia. ¿Quiénes son esos tristes gringos para venir a medir nuestra felicidad (o carencia de ella)? Podemos gritar que la felicidad es tan subjetiva que cualquier intento de medición y/o comparación es ridículo. ¿Cómo se atreven a decir que los daneses y noruegos son mucho más felices que nosotros, los líderes del mundo en este asunto tan evasivo ? Esos güeros viajan miles de kilómetros para tener una probadita de nuestra fiesta. Si los argumentos anteriores no sirvieran, podemos ir por la bomba atómica:

La felicidad no es tan importante, es un tema que ni siquiera está de moda y dejará de ser noticia en unas semanas. Quienes piensan así, se sorprenderían de saber que un país tan desarrollado en pensamiento económico y social como Inglaterra ha puesto en marcha un nuevo mecanismo para medir la felicidad de sus ciudadanos. Los ingleses parten del supuesto que no basta con medir el comportamiento del PIB para saber cómo va su nación. Para saber si hay progreso o retroceso, es necesario incorporar mediciones que se acerquen más a la calidad de vida.

En un mundo en el que hay tanto qué hacer para erradicar la pobreza, las enfermedades, el crimen y las guerras, podría parecer un lujo absurdo preocuparse por medir la felicidad, reconoce el informe. No lo es. Al concentrarnos en lo que la gente piensa de su propia vida, ponemos en primer plano sus experiencias. La opinión de los expertos sobre cómo vive la gente deja de ser tan relevante , dice Jeffrey Sachs, uno de los coordinadores del informe y economista de calidad excepcional, reconocido en temas como el desarrollo de las naciones.

Lo más valioso del informe son las reflexiones y las notas sobre la forma de medir la pobreza. Ellas explican parcialmente las conclusiones. Los países más felices del mundo están en el norte de Europa: Dinamarca, Noruega, Finlandia y Holanda. La riqueza nacional y per cápita explica una parte del alto grado de satisfacción de los habitantes de estas naciones. Más importante son factores sociales como la libertad política, la ausencia de corrupción y la fortaleza de los vínculos sociales.

Cuando se trata de evaluar la dimensión individual de la felicidad, llama la atención la importancia que el informe concede a la salud mental. Es el factor que más determina la felicidad, a pesar de que sólo un cuarto de la población enferma recibe atención en los países desarrollados y una fracción menor en los subdesarrollados .

Al ocuparse del mundo del trabajo, explican: La seguridad laboral y las buenas relaciones en el lugar de trabajo son más importantes que los buenos salarios o la flexibilidad horaria el desempleo causa tanta infelicidad como una separación amorosa.

Felicidad. Es una buena cosa que los candidatos a la Presidencia no se hayan ocupado del tema. Es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos de los políticos.

[email protected]