La prevalencia del financiamiento público sobre los dineros privados en contiendas electorales tiene una lógica constitucional que apuesta por evitar que los aspirantes a cargos de representación popular tengan, a partir de aportaciones individuales, ventajas indebidas frente a sus competidores. No está permitido en México que personas morales, gobiernos, iglesias o extranjeros, financien candidaturas, y existen también límites a las aportaciones de personas físicas.

Las reglas vigentes establecen, además, topes máximos a ejercerse en el periodo electivo del cargo correspondiente, pero ello ha enfrentado un dilema relacionado con equilibrar el terreno de la participación de candidaturas independientes porque los recursos públicos que se les asignan por ley, son muy inferiores a esos topes.

Durante los comicios del 2015, el entonces independiente a la gubernatura de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón (el Bronco), tenía formalmente permitido gastar en campaña hasta 39.9 millones de pesos, el mismo límite que sus competidores postulados por partidos, pero con una contradicción: el financiamiento público del Bronco era de apenas 383,000 pesos, lo que volvía imposible cumplir la base de no usar más dinero privado que público para alcanzar la frontera máxima de 39.9 millones.

El criterio adoptado por el TEPJF para resolver esa asimetría, fue reconocer inaplicable la prevalencia para la figura de independientes y permitirles completar con dinero privado de personas físicas, sujetas a control y a protocolos fiscalizables, la brecha entre el financiamiento público que se les asigna y el límite de gasto permitido para competir por un cargo.

En los hechos, el Bronco gastó casi 9 millones en total, mucho más de los 383,000 pesos de financiamiento público que había recibido, pero mucho menos de los 39.9 millones que podía luego de la sentencia.

Lejos del modelo estadounidense en donde la carrera por obtener esos apoyos económicos que no provienen de fondos públicos tiene un papel central, en las democracias de América Latina hay una tendencia que me parece adecuada para garantizar equidad a partir de un reparto preestablecido de recursos que vienen del Estado para actividades ordinarias de cada partido político, así como una bolsa adicional etiquetada para sus campañas, la cual siempre debe ser mayor a cualquier apoyo privado de simpatizantes o militantes. No aplica lo mismo a independientes (más dinero público que privado) porque con la ley vigente, la desventaja de gasto autorizado frente a partidos sería mayúscula en una campaña, porque unos podrían gastar mucho y otros muy poco buscando el mismo cargo.

El tema no es tan sencillo ni se agota en la decisión del Tribunal, si consideramos que en la última elección presidencial, el tope de gasto fue de 336 millones o si observamos la reciente polémica por el tope elevado, de 285.6 millones de pesos, que la nueva fórmula en la ley electoral mexiquense prevé para sus campañas a gobernador.

En el caso de independientes, el tope se volverá así más que relevante porque mientras sea más alto, harán mayor su necesidad de recaudar aportaciones privadas con los procedimientos legales dispuestos para ello. No me sumo a la retórica que confunde aportación privada con dinero ilícito o no fiscalizable (porque no es lo mismo, obviamente ni partidos ni independientes tienen permitido recibir ese tipo de aportaciones ilícitas), pero sí es una realidad que incluso con la posibilidad que abrió el tribunal para completar los recursos públicos con privados hasta colmar el tope establecido para competir, no suena sencillo para muchas potenciales candidaturas independientes obtener en poco tiempo, apoyo de personas en lo individual que en pocos días recauden cientos de millones.

El asunto no tiene diagnóstico único o camino sencillo a elegir todavía, pero quizá se puede empezar por repensar la distribución de las bolsas de financiamiento público que se destinan a las campañas de partidos e independientes y también por valorar topes a los topes.

*Consejero electoral del Instituto Nacional Electoral

Twitter:@MarcoBanos