hoy en día no existe una dicotomía real entre el sistema de partidos y candidaturas independientes. Desde el 2012, tenemos un mandato general reconocido en el Artículo 35 constitucional para que existan alternativas de postulación a cargos electivos que no sean exclusivamente las que tienen respaldo de los institutos políticos. Sin embargo, esa opción no partidista, en los hechos, no implica un sistema independiente distinto al de partidos.

La definición sartoriana de sistema de partidos alude al conjunto de interacciones que derivan de la competencia política. Decía Sartori incluso que no podemos asumir pluralismo cuando las alternativas partidarias no tienen capacidad de competir y ganar en una contienda electoral, cuando sólo están para embellecer el paisaje que aspira a ser democrático, pero en realidad no tienen oportunidades en cuanto a la disputa en las urnas de cargos electivos.

Es decir, la base de lo que conocemos desde esa perspectiva teórica como un sistema de partidos está en la viabilidad de una competencia efectiva con un entorno democrático integral y no sólo en el reconocimiento o registro de muchos partidos o candidaturas independientes. De ahí que resulta absurdo intentar separar la vía independiente de la vía partidista, porque ambos caminos, con sus matices correspondientes, son parte de un mismo modelo de competencia, apelan en la misma boleta al sufragio, buscan convencer a los mismos electores en la misma arena de competencia, tienen el mismo referente de reglas mínimas a seguir, el mismo periodo de campaña, el mismo árbitro y en esencia con los mismos derechos y obligaciones.

El meollo del asunto está en si a cinco años de distancia las candidaturas independientes son testimoniales como algunos auguraban o son una garantía de pureza como otros quisieron ver.

Creo que es evidente que las candidaturas independientes son una modalidad legítima de participación que se arraiga cada vez más, que se normaliza y está lejos de mostrarse condenada a no ser competitiva. A partir de los resultados que hoy se registran es una opción viable en el conjunto y complejo sistema de interacciones competitivas que definió Sartori como sistema de partidos , aunque formalmente no sean uno.

Como lo hemos expuesto en estas páginas, ha sido consistente no sólo el aumento de registros válidos para aspirantes a competir por la vía independiente, sino también los cargos que los independientes han ganado.

En el 2012 fueron decenas de solicitudes para buscar una candidatura independiente a nivel federal pero entonces la ley daba exclusividad a los partidos para las postulaciones. Ese mismo año llegó la reforma que se aplicó por primera vez en el 2013, en donde ganó la presidencia municipal un independiente en Zacatecas, en el 2014 no hubo registros (pero sólo dos entidades tuvieron comicios), y de ahí al 2016 se logró una base legal general que se ha armonizado en todo el país y 18 triunfos independientes en total: una diputación federal, una gubernatura, dos diputaciones locales y 14 municipios.

Los datos duros nos dicen que pese a las dificultades que pueden enfrentar las y los aspirantes a obtener una candidatura independiente, su arraigo y posibilidad de ganar es considerable, que cada vez son más los registros y triunfos cosechados pero también los casos en los que prácticas indebidas, como presentar firmas falsas o de personas fallecidas para obtener el porcentaje de respaldo ciudadano para alcanzar registro, son iguales a las que vemos en algunos partidos u organizaciones que han llegado a presentar afiliados que también ya han fallecido, o que tienen militancia vigente con otros partidos u organizaciones que quieren serlo.

Un dato revelador al respecto es que en los comicios 2016 para conformar la Asamblea Constituyente de la CDMX no hubo una sola solicitud de registro a candidatura independiente que no incluyera firmas de personas fallecidas.

La vía independiente es tan válida, tan saludable y al mismo tiempo tan vulnerable o sancionable en casos concretos por infringir normas, como la vía partidista, pero en términos sartorianos no podríamos ubicarlas como alternativas testimoniales ni ajenas al sistema de partidos que las incluye y arraiga. Más allá de un debate teórico es un hecho que sí hay horizonte de coexistencia competitiva entre la opción independiente y la partidista.

*Consejero electoral del INE.

Twitter:@MarcoBanos