En días recientes, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público anunció los precios de las gasolinas que serían vigentes a partir del 1 de enero del 2017. Definitivamente es cierto que a ninguna persona le gusta que exista un aumento en los precios de los hidrocarburos; pero si pasamos de la emoción negativa que este hecho pudiera causarnos a conocer a fondo los motivos que existen para este incremento, podemos tal vez ver la situación desde otra perspectiva. Los invito a que analicen conmigo este delicado tema que, de nuevo, está siendo aprovechado por distintos actores políticos para aumentar el descontento social.

Vale la pena recordar en primera instancia que el paquete fiscal 2017 fue presentado en septiembre del 2016 ante las cámaras de Diputados y Senadores. En él se hizo la propuesta de adelantar la liberación de los precios de gasolinas y el diesel a partir de enero de este año, con la intención de dar impulso a la apertura definitiva del mercado de suministro de combustibles y ponerlo a la par de los países miembros de la OCDE; las cámaras hicieron las respectivas aprobaciones en las fechas que tenían estipuladas para ello, los diputados el 20 de octubre y los senadores tenían como límite el 31 del mismo mes para hacerlo. Esto no fue una ocurrencia de último minuto ni tampoco una decisión unilateral del presidente o el secretario de Hacienda, es una decisión en la que se escuchó la voz de empresarios, académicos, funcionarios del ramo y organizaciones sociales.

Romper el esquema del subsidio a los hidrocarburos es necesario, ya que es altamente regresivo. Los mayores beneficiados de este esquema son las personas que generan la mayor riqueza en el país, ya que ellos tienen un consumo mayor de gasolinas que las personas con menores ingresos; prueba de ello es que 60% del beneficio de esta subvención es para 20% de personas que tienen las percepciones más altas. Aunque se piense que se beneficia a los más vulnerables, el subsidio no contribuye para las personas de menos recursos en el país, es lo contrario. Un ejemplo de esquemas donde sí se da un apoyo a la gente más necesitada es el caso del Seguro Popular, donde 70% de los beneficiados pertenece a la mitad de la población con mayores carencias.

Conforme avance la reforma energética y su adecuada implementación, podremos ver los resultados que se esperan en este tema, especialmente derivado del incremento en la inversión y la competencia. Porque es un hecho: esta reforma nunca prometió que bajarían los precios de las gasolinas, sólo estableció movernos al esquema de precios internacionales como la mayoría de los países. Si bien existen naciones en el mundo que tienen precios más baratos que en México, por ejemplo Estados Unidos, donde la gasolina tiene un precio promedio de 67 centavos de dólar, también es importante señalar que existe una mayor diversificación de oferta de hidrocarburos y no está centralizada la distribución por una empresa estatal, como en México; además, la determinación del precio de la gasolina en ese país se hace de manera diaria y de acuerdo con la oferta y demanda del bien, situación que en nuestro territorio se hará de manera gradual; también es una realidad que Estados Unidos empieza a tener excedentes del producto, gracias a la enorme inversión en exploración de gas y petróleo shale de los últimos años.

Finalmente, quisiera señalar que México está considerado como uno de los países que tienen mayor consumo de hidrocarburos por habitante. Sin ser el tema ambiental el objetivo principal, ésta es una política que favorecerá la sustentabilidad.

*Presidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana AC.