La pérdida de empleos en marzo, 130,593, equivalió a 34% de los creados en todo el 2019.

Como se había anticipado, la crisis económica, derivada de los choques negativos de oferta y demanda en prácticamente todo el mundo, ha tenido un significativo impacto sobre el nivel de actividad y el empleo. Destaca, por ejemplo, que en las últimas tres semanas en Estados Unidos se perdieron 10 millones de empleos. En vista del tamaño del choque, mayor inclusive que el de la Gran Recesión del 2009, diversos países han instrumentado políticas fiscales y monetarias contracíclicas para atenuar el golpe, enfocándose muchas de ellas a transferencias directas al ingreso personal así como a las empresas para proteger el empleo, buscando que la recuperación se dé lo más rápido posible. Pero no en México porque, según el presidente, somos diferentes.

Previo a la epidemia, la economía mexicana ya se encontraba en una posición de notable debilidad resultado, principalmente, de erróneas decisiones de política que inhibieron la inversión privada. Inclusive, hacia finales del año pasado y principios de éste, la debilidad se profundizó y se fueron perdiendo las pocas fuentes de crecimiento que se mantenían y que ayudaron a que el PIB sólo cayera el año pasado en 0.1 por ciento.

La información con la que contamos ya muestra una debilidad todavía mayor. Así, el consumo privado, que alcanzó su máximo nivel en septiembre, en enero no mostró cambio respecto de diciembre, la producción industrial experimentó en febrero una caída mensual de 0.6% y se ubicó 3.5% menos que en febrero del 2019 y a su interior, la industria manufacturera cayó en el mes en 0.7% (2.2% menos que hace un año). Por otra parte, la inversión total fue en enero 9.2% menor que un año antes, destacando que la contracción en inversión en maquinaria y equipo fue de 10.2 por ciento. Por su parte, el empleo total en la economía que alcanzó un máximo en mayo del 2019, en enero fue igual que en el mismo mes del año pasado y destaca, por otra parte, que en el mismo mes el empleo en la industria maquiladora manufacturera fue 1.2% menor que un año antes.

El último dato, publicado la semana pasada, corresponde al número de empleos registrados ante el IMSS durante el mes de marzo de este año, cuando apenas empezaba el cierre de la actividad económica derivada de las medidas de contención de la epidemia. En este mes se perdieron 130,593 empleados formales en el sector privado, que representa 34% de los empleos formales privados generados en todo el 2019. Sin contar aún con la información desglosada, se puede anticipar que la mayor parte corresponde a empleados en las pymes, las cuales no cuentan con las reservas en activos líquidos ni con líneas de financiamiento suficientes para poder enfrentar la caída en la demanda y mantener el empleo. A esta cifra habrá que agregar los empleos informales que también se perdieron.

A medida que el aislamiento sanitario continúe, con el consecuente menor nivel de actividad económica y una significativa caída en el nivel de consumo privado, es de esperarse que la destrucción de empleos en el sector privado se acentúe, acompañado de la quiebra de empresas micro, pequeñas y medianas.

No cabe duda de que la caída del PIB este año será similar, si no es que mayor a la del 2009, cuando la economía cayó 5.3 por ciento. Ante ello es incomprensible que el gobierno no instrumente una política fiscal contracíclica que, incluyendo apoyo fiscal a las empresas, proteja el empleo y opte, por el contrario, proseguir las obras en la refinería, Santa Lucía y el tren con recursos fiscales cada vez más escasos. El costo en bienestar social que se pagará será, sin duda, muy elevado.

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.

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