En el artículo de la semana pasada apunté que uno de los elementos que inhiben un mayor crecimiento económico es el impacto negativo que tiene la notoria ?inequidad de la distribución del ingreso sobre el tamaño efectivo del mercado interno.

Que el ingreso de la mitad más pobre de la población apenas represente 21% del ingreso nacional total, junto con una alta incidencia de pobreza, obviamente no es neutral sobre el crecimiento económico y de ahí la importancia de que el ingreso de los deciles más pobres de la sociedad aumente relativamente más que el de los deciles más altos, sin que sea objetivo de la política pública buscar la igualdad de resultados.

Indiqué tres políticas económicas que tenderían a reducir, paulatinamente, la inequidad en la distribución del ingreso y fortalecer simultáneamente el crecimiento: la consolidación de la estabilidad macroeconómica, generar mayor competencia en los mercados de bienes, servicios y factores de la producción y el rediseño del gasto gubernamental, eliminando todos aquellos programas y subsidios que son regresivos. Tocaré hoy otros dos elementos que son cruciales para reducir la inequidad, fortalecer el crecimiento y abatir la pobreza: educación y salud.

El capital humano que cada individuo posea es, sin duda, el principal determinante de cómo se distribuye el ingreso. La evidencia internacional sugiere que entre mayor sea la escolaridad de la población, mayor la calidad de la educación recibida y mayor la salud de la población, más equitativa tenderá a ser la distribución del ingreso. Y es en esto en donde tenemos un grave problema.

Por el lado de la educación, el nivel de escolaridad de la población más pobre no llega a la primaria completa, aunado esto a una muy mala calidad de la educación recibida, por lo que estos individuos no tienen los conocimientos mínimos necesarios para poder incorporarse al mercado laboral formal. Es claro que dado que lo que se busca es incrementar la cantidad y calidad del capital humano, se requiere destinar mayores recursos para fortalecer la educación que se imparte a la población más pobre del país, particularmente la rural.

Más aun, es imperativo mejorar la calidad de los profesores a través de programas de capacitación así como cambiar el perverso sistema de incentivos que existen actualmente en el sistema educativo nacional. Ya se aprobó la reforma educativa en el Congreso de la Unión, aunque todavía falta que sea ratificada por al menos 16 legislaturas estatales y de allí, modificar la Ley General de Educación.

Y es en esto último en donde importarán los detalles. ¿Se vencerá la oposición del SNTE, pero más aún de la CNTE, ya que son estos últimos los que imparten (sic) educación a la población más pobre del país?

El otro componente del capital humano es la salud y aquí también hay problemas. Malos hábitos alimenticios de una parte significativa de la población que derivan en graves problemas de obesidad y a su vez en diabetes, más una alta incidencia de enfermedades gastrointestinales, junto con una muy deficiente calidad de atención de los servicios de salud pública (IMSS y Seguro Popular), se traducen en una mayor tasa de mortalidad entre la población más pobre, así como en una menor productividad de los individuos, afectando negativamente su ingreso absoluto y su posición dentro de la distribución del ingreso.

Por lo mismo, es indispensable ampliar la cobertura y la calidad de los servicios de salud. Transitar hacia un sistema de seguridad universal es un primer paso para lograr este objetivo.

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