En mi artículo pasado indiqué cuatro factores que inhiben el crecimiento económico: a) una ineficiente definición de los derechos privados de propiedad en el marco legal junto con una deficiente protección de estos derechos por parte del Poder Judicial que no garantiza el cumplimiento de los contratos; b) el ineficiente diseño del sistema tributario que, además de que se deriva en una debilidad estructural de las finanzas públicas, no genera los incentivos correctos para el trabajo, el ahorro y la inversión y, en consecuencia, con el objetivo de mayor crecimiento económico; c) la excesiva y deficiente regulación de los mercados que impone altas barreras a la entrada, salida y crecimiento de las empresas y que deriva en una enorme cantidad de muy pequeñas empresas, muchas de ellas operando en la informalidad, y que operan con tecnologías obsoletas de producción y sin economías a escala, por lo que son muy poco productivas, y d) la muy alta incidencia de corrupción, tal como lo muestra el último informe de Transparencia Internacional sobre la percepción de corrupción, en el cual el puntaje asignado a México es de 34 puntos de 100 posibles, situándonos en el lugar 105 de 176 países (un absoluto desastre).

Existen otros elementos que también impactan negativamente sobre el crecimiento económico y que analizaré en este artículo.

Primero, la persistencia de prácticas monopólicas en sectores claves de la economía, que no solamente implican una extracción de rentas a los consumidores con la consecuente pérdida en su bienestar, sino que además encarecen la operación de las empresas e inhiben aumentos en la productividad de los factores. Varios son los sectores de actividad económica en donde existen estas prácticas monopólicas como son el sector de telecomunicaciones, cemento, notarios, aviación, transporte marítimo de cabotaje, etcétera. Es claro que eliminar estas prácticas generaría una ganancia neta en el bienestar y además promovería el crecimiento económico. Aquí, el problema es, tal como lo indicó el presidente Peña Nieto, que el gobierno se enfrenta a poderes fácticos que se benefician del statu quo y que se opondrán a cualquier cambio legal que les impida seguir apropiándose de rentas. Por lo mismo, urge introducir aquellos cambios en la regulación que promuevan mayor competencia en los mercados.

Segundo, ligado a lo anterior, tenemos otros dos sectores claves que por su ineficiencia inhiben el crecimiento económico y en donde también se presentan prácticas monopólicas: electricidad y petróleo. En electricidad, las empresas se enfrentan a niveles tarifarios de los más altos de la OCDE. Por su parte, en el sector petrolero, Pemex Refinación es, por sí misma, una de las empresas petroleras más ineficientes del mundo.

La idea de que la soberanía nacional reside en que sea el gobierno el único que provee el servicio público de energía eléctrica, así como el único que puede explotar petróleo y refinarlo, además de ser una idea estúpida, impone enormes costos a la economía. El reto es quitarse esa idea y generar los mecanismos que introduzcan mayores niveles de eficiencia en estos dos organismos públicos, abriendo ambos a la participación del sector privado.

Tercero, el desastre que es la mayor parte del sector agrícola. Derivada de una reforma agraria muy mal diseñada, que creó el ejido y atomizó la propiedad en pequeños minifundios, la productividad es muy baja, lo que se deriva en que 20% de la fuerza laboral que trabaja en las zonas rurales sólo aporta 5% del PIB agregado. Mantener el esquema actual sólo garantiza perpetuar la pobreza rural.

Seguirá.

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