Para llevar a un Estado al más alto grado de opulencia desde la barbarie, sólo se requiere paz, impuestos fáciles y una administración tolerable de la justicia.

Adam Smith

Para cualquier gobierno resulta fundamental poder determinar cuáles son los tipos y niveles de impuestos que sean más eficientes en términos de lograr la recaudación necesaria para operar los programas públicos y, simultáneamente, que eviten la aparición de prácticas de informalidad y evasión, cuando no una reducción significativa del nivel de actividad económica, en respuesta a un marco fiscal imperante.

De acuerdo con la tesis doctoral Tax Compliance: A Behavioral Economics Approach, de Teimuraz Gogsadze, un tema fundamental en la determinación de un código fiscal adecuado es considerar la conducta específica que tendrán las personas frente a distintos tipos de marcos regulatorios.

Existe evidencia de que marcos regulatorios sumamente complejos generan varias condiciones negativas.

Por un lado, crean en medio de la complejidad espacios indefinidos que posibilitan no ya una evasión, sino simplemente un no pago. Entendiendo que la diferencia entre uno y otro caso se refiere a que la evasión es cuando expresamente las personas o las empresas evitan pagar un impuesto al cual están obligados; mientras que en el otro caso, se habla de aquellos vacíos que generan la posibilidad para un contribuyente de no caer en los supuestos que la ley contempla como objeto de una obligación fiscal.

De la misma manera, los marcos fiscales sumamente complejos no sólo generan incumplimiento, sino que adicionalmente dificultan al Estado sus tareas de fiscalización, lo que propicia la percepción de algunos contribuyentes de la baja posibilidad de que su incumplimiento sea detectado.

Generalmente, las decisiones de cambios bruscos a los modelos impositivos y, en paralelo, a los mecanismos de supervisión y ejercicio de normas punitivas para asegurar su cumplimiento están asociadas a procesos de contracción del nivel de actividad económica, mientras que tanto las personas como las empresas entienden verdaderamente los impactos específicos que el nuevo marco regulatorio tendrá para ellos.

México presenta un enorme rezago respecto de otras economías de similares características, en términos del porcentaje que representan los impuestos respecto del Producto Interno Bruto. México alcanza cerca de 17% en este indicador, mientras que el promedio de países de la OCDE se encuentra en niveles cercanos a 35 por ciento. Una pregunta importante es si este bajo nivel de contribución tiene que ver con que tenemos impuestos bajos o con el hecho de que un altísimo porcentaje de la economía se mueve en el sector informal.

Un dato parece darnos la respuesta, mientras que la tasa promedio de impuesto sobre la renta a personas a los países de la OCDE en el 2016 era ligeramente inferior a 24 %, en México este dato era de 20.4 por ciento. Esa diferencia alcanza a explicar la diferencia en proporción del PIB. La explicación apunta entonces más al sentido de la actividad económica informal que no está siendo gravada.

De acuerdo con los mismos datos de la OCDE, la estructura de México respecto de países y economías comparables es diferente, porque tiene una mayor proporción de impuestos corporativos que el resto de las economías, pero una menor, en términos de ingresos personales. Muchas personas que operan en la economía informal generan un efecto negativo sobre la captación.

Distintos estudios muestran, además, que el cumplimiento de las obligaciones fiscales tiene menor resistencia cuando ya se ha generado una percepción respecto del adecuado uso y canalización de recursos por parte del gobierno. Por ello, las discusiones sobre la validez de las prioridades de uso de recursos públicos no ayudan a que las personas entiendan la importancia del cumplimiento de sus obligaciones.

La discusión sobre los impuestos nunca es fácil. No pueden ser sometidos a consulta porque nadie querría pagarlos. De ahí la importancia de que los marcos fiscales atiendan la realidad del país, la dinámica del comportamiento de la población y que se establezcan mecanismos simples que aseguren el cumplimiento de las obligaciones fiscales sin afectar la dinámica de la actividad económica.

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

[email protected]  – síguelo en Twitter @martinezsolares

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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