En México, el sector primario de la economía se compone de actividades y productos muy diversos. Esto ocasiona que los productores, de acuerdo con su perfil y con la actividad que desarrollan, empleen diferentes prácticas, niveles de inversión y tecnología. No obstante, la diversidad de condiciones en las actividades primarias tienen una característica común: están expuestas a un alto riesgo; sobre todo si se les compara con actividades de otros sectores. Así, son recurrentes los riesgos relacionados con la producción y con la logística de comercialización; con la volatilidad de los precios de venta agropecuarios y con el incremento de los precios de los insumos, por mencionar algunos.

Con respecto a los riesgos relativos a la producción, fenómenos como el exceso de lluvia, la presencia de plagas en los cultivos o de enfermedades en el ganado, provocan mermas que se traducen en pérdidas económicas. La situación de constante riesgo afecta en mayor medida a los productores que se desempeñan en pequeña y mediana escala y que carecen de instrumentos para mitigar dichos riesgos. Los siniestros en el sector primario podrían ocasionar que los productores más vulnerables, incluso, pierdan sus activos productivos, en detrimento de las actividades económicas primarias y el bienestar de los hogares rurales. En este contexto, el seguro agropecuario es un instrumento que conlleva importantes beneficios económicos y sociales.

En general, la adquisición de seguros minimiza el daño económico ante la presencia de choques negativos o situaciones inesperadas. En el medio rural, los productores que cuentan con seguros agropecuarios acceden a indemnizaciones cuando presentan siniestros en sus unidades de producción; este recurso disminuye la pérdida de ingreso derivada de la situación desfavorable e incentiva la reincorporación de la actividad económica primaria en el corto plazo. Al respecto, información de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas señala que, en el 2015, el sector asegurador pagó 2,300 millones de pesos al ramo agrícola y de animales por la ocurrencia de siniestros, lo que representa 61% del valor de las primas emitidas ese año para el mismo ramo.

Además, el seguro agropecuario se relaciona estrechamente con el financiamiento de las unidades de producción de tamaño pequeño y mediano. De acuerdo con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (2012), el respaldo de un seguro agropecuario brinda mejores condiciones para que dichos estratos de empresas puedan acceder al financiamiento, lo que tiene potencial de traducirse en adelantos tecnológicos, más inversiones e incremento de la productividad.

El reconocimiento de las ventajas del seguro agropecuario de parte de las instancias gubernamentales, de las empresas privadas y de los propios productores ha permitido el desarrollo de esquemas que cada vez atienden mejor las necesidades de la producción nacional y ha estabilizado su uso. El día de mañana se abordará el potencial de crecimiento de los seguros agropecuarios.

*Xóchitl Gil Camacho es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas. La opinión es de la autora y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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