Durante el fin de semana y en anticipación de la próxima reunión del G-20 en Canadá, China anunció que eliminará, de manera gradual, la fijación de la paridad de su moneda al dólar americano. Hasta ahora, la paridad del yuan chino contra el dólar ha sido controlada por el gobierno chino bajo diferentes mecanismos. Hasta 1970, la paridad del yuan contra el dólar estuvo fijada a 2.46 yuanes por dólar, pero durante la década de los 80, el yuan fue revaluado hasta alcanzar 1.50 por dólar.

Sin embargo, durante la segunda mitad de los 80 y la primera mitad de los 90, conforme China comenzó a abrir su economía, el yuan fue devaluado para estimular a su sector exportador y su paridad se ubicó en 8.27 yuanes por dólar entre 1997 y el 2005. A partir del 2005, el régimen cambiario se flexibilizó un poco, permitiendo que la paridad del yuan frente a una canasta de monedas, incluyendo el dólar, el euro y el yen japonés, entre otras, fluctuará diariamente dentro de una banda preestablecida de 0.5% con respecto al valor de referencia establecido por el Banco Popular de China. Sin embargo, a mediados del 2008, en medio de la crisis financiera y después de una considerable apreciación del yuan, China decidió restablecer el mecanismo de paridad fija.

Desde hace tiempo, Estados Unidos ha acusado a China de mantener la paridad del yuan contra el dólar a un nivel artificialmente bajo para estimular al sector exportador chino, principal motor de la economía durante muchos años.

Bajo esta acusación, EU y otros países que tienen déficit comerciales con China (es decir, importan mucho más de lo que exportan a China) han venido ejerciendo presión para que China deje que las fuerzas de mercado impulsen una mayor revaluación del yuan contra las principales monedas.

Tanto EU como la Unión Europea han amenazando con posibles medidas proteccionistas para establecer barreras de entrada a ciertas importaciones provenientes de China (México es un claro ejemplo).

Estas amenazas en conjunto con una creciente demanda doméstica como motor de crecimiento de la economía china resultaron en la implementación del mecanismo de paridad semiflotante que se utilizó de junio del 2005 a junio del 2008. Bajo este mecanismo, el yuan se apreció casi 16% y la brecha en términos de su subvaluación contra el dólar, de acuerdo con Financial Times, se cerró de 40 a 24 por ciento. Las medidas para permitir una mayor apreciación del yuan, en conjunto con el crecimiento de la economía doméstica en China han permitido que el superávit en cuenta corriente de ese país como porcentaje del PIB haya disminuido de 11% en el 2007 a 6% a finales del 2009.

La noticia ha tenido un impacto inmediato en los mercados internacionales. El anuncio es positivo en varias vertientes. Por un lado, se ha generado una expectativa de incremento en el poder de compra de los consumidores chinos y de una mayor demanda doméstica de bienes y servicios de importación por parte de China.

Por otro lado, la apreciación del yuan permitirá un ajuste ordenado en los grandes desequilibrios comerciales que China mantenía con algunos países desarrollados. Asimismo, la decisión disminuye considerablemente la amenaza de implementación de medidas proteccionistas que sin lugar a dudas serían una amenaza importante al crecimiento económico global. Finalmente, la decisión parece indicar que China le tiene fe a la recuperación global.

En este contexto, las clases de activos más beneficiadas han sido aquellas que normalmente se perciben como más riesgosas: las acciones, las monedas de países emergentes y los commodities. Aunque la noticia es sin duda positiva, hay que tener cuidado de no magnificarla y no olvidar que la economía global todavía enfrenta un proceso de desapalancamiento sin precedentes. La perspectiva es buena, pero todavía hay baches en el camino.

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