El problema con los árbitros es que conocen las reglas pero no conocen el juego : Bill Shankly

El equipo alemán de futbol, que a estas alturas se vislumbra como un muy probable ganador de la Copa del Mundo, perdió la oportunidad de cambiar al mundo y convertirlo en un paraíso.

Imaginen ustedes, y háganlo sin hacerle caso a esa vocecita cínica que les dice cómo crees, eso nunca se ha hecho o los seres humanos no somos así , imaginen lo que hubiera sucedido si al iniciar el segundo tiempo del partido del domingo, cuando el equipo alemán saca del centro y tiene una ventaja de 2 a 1, imaginen, insisto, lo que hubiera sucedido si el equipo alemán toma la pelota y sin más la mete en su propia portería.

Un autogol intencional que vale por el gol que el inglés Lampard metió a la vista de, sin exagerar, todo el mundo menos del árbitro y su abanderado, el gol que no se le contó a los ingleses.

Las cosas pudieron haber ocurrido así

El partido está 2-2. El equipo alemán y los ingleses juegan un segundo tiempo nunca visto, sin faltas con magnífico futbol. Si el árbitro uruguayo Jorge Larrionda, que se siente un tanto humillado, usa su silbato, son los jugadores quienes deciden si hubo falta o no.

En una barrida fuerte pero limpia contra Gerard cerca del área, Larrionda marca falta. El cobro inglés, en evidente descuerdo, no busca el gol, es un gentil chute a los pies de la barrera.

Pero los alemanes toman la pelota y se lanzan al contrataque, cosas que los ingleses esperaban, pero son incapaces de entorpecer una magistral combinación armada entre Müller, Ozil y Kloze que culmina en un gol espectacular.

Pocos minutos después, Rooney logra escabullirse entre tres defensas y anota un gol. Están empatados.

Al final, la juventud y la técnica del equipo alemán se imponen sobre las individualidades inglesas y ganan por cuatro goles contra tres.

Las letras entran más fácilmente con sangre que con ejemplos predicados. Así que unas horas después, en el México-Argentina, Tévez, siempre tan enjundioso, mete gol en fuera de lugar y él árbitro italiano Roberto Rosetti lo da por bueno pese a las protestas de los mexicanos.

Pero el equipo de Maradona no está de acuerdo en ganar de tan artera forma y decide emular a los alemanes, por lo que unos segundos más tarde deja pasar a los mexicanos desde el medio campo hasta su portería sin oponer resistencia. Empate a uno.

Minutos más tarde, Osorio, desconcertado por la súper deportiva actitud de los rivales (no tiene arreglo ese muchacho), cede la pelota a Higuaín que no la desperdicia y dispara fulminante al marco de Pérez.

Pero Aguirre, que es necio pero no tanto, se da cuenta de que desde hace unas horas ya vive en otro mundo y decide dejar de burlarse de la afición mexicana. Al regreso del medio tiempo, cambia Bautista por Blanco. Es el único cambio que hace.

Una vez más en el día, la técnica y el juego de equipo triunfan sobre las individualidades. El equipo de Maradona, enjundioso, lleno talento pero desorganizado, nada puede contra la maquinaria mexicana, que mantiene una defensa impenetrable y logra dos tantos, uno de Hernández y otro de Guardado.

El mundo es distinto. A nadie le importa ya si la FIFA permite ver repeticiones a los árbitros o no, el mundo sabe que en cada país hay una veintena de caballeros dignos, honorables y ejemplares capaces de decir: Mi gol no vale porque lo metí con la mano y cosas así.

México enloquece con el triunfo y, aunque unos días más tarde pierde con Alemania, los mexicanos mantienen la cordura suficiente para aprender de la lección que les dieron argentinos y alemanes: No se trata de ganar de cualquier forma sino de hacerlo con honor. O se gana bien o no se gana.

El tramposo, ahora sí, en este nuevo mundo, cae al pozo y no gana si es que el árbitro no lo vio. Los malos ya no van a ganar cuando sean más que los buenos o estén mejor armados.

¿Soy un ingenuo? Sin duda. Esto es sólo imaginación. Pero estoy seguro de que el equipo alemán tuvo en sus manos (bueno, a sus pies) la oportunidad de cambiar si no al mundo sí al futbol (y con ellos una parte importante del mundo) y la desperdició.

Menos seguro estoy, pero supongo, que si lo que imagino hubiera ocurrido y México hubiera tenido otro desempeño en el Mundial, un cantante de corridos y quizá hasta cierto candidato a gobernador estarían aún con vida.

Algunas personas piensan que el futbol es un asunto de vida o muerte. Yo estoy seguro de que es mucho más importante que eso , dijo el entrenador inglés Bill Shankly, y yo estoy seguro de que tenía razón.