Las cadenas productivas ganaderas son afectadas por la percepción pública de sus productos y procesos, que se forma con información que, en muchos casos, es falsa o deformada, en detrimento de esas cadenas y su contribución a la nutrición, la economía y la cultura nacionales.

Un ejemplo de comunicación falsa es un video promovido en Internet que afirma que los lácteos provocan descalcificación ósea, afirmación contraria al conocimiento actual, por lo que tendría que mostrar evidencia muy sólida para derribar la que demuestra lo contrario.

Este año se suscitó en Estados Unidos un problema de imagen de un producto, carne magra con textura fina (con siglas en inglés LFTB) usado como complemento de la carne molida para elaborar hamburguesas moldeadas listas para el asador, muy populares en ese país. El producto ha enfrentado mensajes negativos por parte de comunicadores en medios masivos, que han obligado a la compañía que lo desarrolló a cerrar tres de sus cuatro plantas, con miles de desocupados.

Han ocurrido también daños no intencionales, pero igualmente nocivos, como el provocado en una comunicación de un laboratorio con autoridad bien fundada, al poner el nombre de porcina a la cepa de influenza AH1N1, que provocó alarma epidemiológica en el 2009, cuando en realidad el origen del virus fue complejo y diverso.

Ha habido también actos con buena intención pero con daños colaterales, como cuando un dirigente deportivo informa que no se utilizará carne de cerdo o pollo en la alimentación de atletas para evitar que les detecten clenbuterol, aunque esos productos no lo contienen.

El mundo está cada vez más comunicado y gozamos de la posibilidad de proclamar cualquier opinión, con el propósito de influir a otras personas. Esto es muy valioso y aparentemente irreversible. El problema es que no hay en esos medios masivos tan poderosos mecanismos para distinguir la información responsable, basada en datos demostrados, de la que no tiene esas características.

Es necesario que la gente reciba también información básica correcta, sin carga de ideología o intenciones ocultas, de modo que cada quien pueda aceptar o rechazar con mejores elementos los mensajes que recibe. Lamentablemente, en el caso de productos animales como en otros, esto tiene un costo, que puede encarecerlos demasiado.

Si aceptamos que la producción ganadera es un bien común, debemos impulsar la difusión de los beneficios que nos da, informando incluso sobre problemas de salud o ambientales que ha causado o podría ocasionar y que se están corrigiendo y previniendo de manera responsable.

*Luis Fernando Iruegas Evaristo es especialista de la Subdirección de Evaluación Sectorial en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. [email protected]