A diferencia de sus predecesores, el actual presidente del regulador ha marcado una postura clara en el tema de las sanciones que aguardan a quienes infrinjan la ley.

Vaya compromiso que en la conferencia de prensa del viernes pasado asumió el Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel). A pregunta expresa, el presidente del organismo, Gabriel Contreras, contestó que de confirmarse la simulación de actos jurídicos mediante la cual Telmex detenta el control de facto de Dish, la sanción que corresponde aplicar es la revocación de los títulos de concesión, tanto de Telmex como de Dish.

Lo dicho por el presidente del Ifetel es puntualmente cierto; sin embargo, lo que más llamó mi atención fue la claridad y contundencia con que lo dijo. En el pasado, ante una consecuencia jurídica tan grave, los funcionarios públicos hubieran cantinfleado con tal de no comprometerse. Ya sabe, nos hubieran recetado alguna de las típicas frases huecas con que la burocracia solía escurrir el bulto, tales como llegaremos hasta las últimas consecuencias (sin decir cuáles son éstas), se aplicará toda la fuerza de la ley (sin decir a quién o a quiénes), o se respetará el Estado de Derecho (sea lo que sea que eso signifique en un país lleno de simulación y engaño).

No cabe duda de que México está cambiando y nuestras autoridades también. Si el Ifetel continúa con su esfuerzo de aplicar la ley sin importar el tamaño de los intereses afectados, todo el desconcierto y el ruido en el sector de las telecomunicaciones y la radiodifusión habrá valido la pena. Lo que estamos viendo es que toda el agua estancada durante los últimos veinte años por fin se agita y se ventila. No nos espantemos del mal olor que las prácticas abusivas de algunos señores feudales desprenderán por algún tiempo. Estoy convencido de que será transitorio y, por fin, veremos en nuestra vida diaria los beneficios que la competencia plena trae aparejados.

El reto no es menor y seguramente los comisionados del Ifetel recibirán presiones que ninguno de sus antecesores quiso asumir; por temor algunos, por colusión otros. A ellos toca enfrentar intereses de miles de millones de dólares, pero cuentan con la Constitución para controlarlos y regularlos, así como lo hicieron los liberales del siglo XIX, que con la Constitución en la mano, pudieron eliminar los intereses económicos de una Iglesia que se oponía al desarrollo del país.

Los tiempos han cambiado y los actores son otros, pero estamos en presencia de la misma y escandalosa concentración de riqueza y poder. En el siglo XIX esa riqueza y poder puso varias veces en duda la viabilidad del Estado mexicano. Hoy, esa misma riqueza y poder trata de estar por encima de la Constitución. Antes había guerras, hoy simulaciones y engaños, pero la intención es la misma.

Se acerca el 9 de marzo y las declaratorias de preponderancia por parte del Ifetel. Se acerca también la iniciativa del presidente de la República, que definirá el marco jurídico para las telecomunicaciones y la radiodifusión del futuro. Las aguas se agitarán aún más y la riqueza comprará muchas voluntades disfrazadas de causas sociales. No nos dejemos engañar, ya lo intentaron y seguirán haciéndolo. No debe haber más guía que la Constitución y la letra de la ley, y el Ifetel lo ha asumido a cabalidad.