La comida es un marcador identitario, eso es un hecho innegable. Nuestras múltiples identidades se manifiestan en lo que comemos, en cómo lo comemos, dónde, con quién y en qué momento. ¿Qué es lo que dicen los estudios en psicología social y cómo se puede aplicar esto en la búsqueda de obtener una alimentación saludable?

La forma en que nuestra identidad se asume es como un juego de vaivén entre lo que nosotros construimos de nosotros mismos y lo que el entorno va moldeando de nosotros (el lugar donde nacimos, las personas con las que crecimos, nuestras experiencias y trayectorias de vida). La comida que comemos está íntimamente ligada con nuestras identidades. Y son identidades en plural porque una misma persona muestra diferentes facetas de sí misma según el contexto en el que se encuentra. A este respecto, varios psicólogos sociales se han interrogado en cuanto a la forma en la que este tipo de identidades influye en nuestra percepción de la comida.

Se ha encontrado, por ejemplo, que las personas que se identifican más con algún grupo en particular tienden a encontrar que la comida de ese grupo es más sabrosa. Esto hasta cierto punto no es novedad. Es decir, alguien que se identifica con identidades como: soy norteño, soy mexicano, soy oaxaqueño, etcétera. Entre más alto es su grado de identificación, más sabrosa encontrará la comida perteneciente a esa cultura culinaria. Esto hasta cierto punto podría parecernos lógico y sin ninguna novedad. Sin embargo, en pleno siglo XXI las identidades de una misma persona son múltiples y definidas no sólo por el lugar donde nace, sino por las trayectorias de vida que hoy son más complejas: una persona pudo haber nacido en un país, pero es hijo de inmigrantes de otra región y sus estudios los completó en un país diferente al de su origen y el del origen de los papás. Se casa con un extranjero y convive con otro tipo de cultura. Este ejemplo de trayectorias nos sirve para imaginar que en este recorrido de vida la cultura culinaria y la influencia en el gusto de la persona se irán modificando en proporción a los significados que tal o cual experiencia de vida le dejó.

Como este grado de identificación a una sola identidad ya es medible desde la psicología social, llama la atención que finalmente algunos científicos han volteado a ver este factor como un determinante no sólo de las preferencias alimentarias, sino también como una variable contundente en la búsqueda de una alimentación saludable. En este sentido, lo que para muchos científicos sociales era evidente hace 50 años es que las dietas son mejor aceptadas cuando, más allá de las calorías y los nutrimentos, tienen un significado identitario para las personas. Para conocer ese significado, evidentemente se necesita la profundidad de las metodologías de ciencias sociales para desenmarañar ese complejo conjunto de identidades que somos cada uno de nosotros. Por esta cuestión, tendencias e ingredientes cuasimágicos que prometen la salud van y vienen, pero si estos alimentos no están arraigados sobre las identidades personales y colectivas que cada uno de nosotros tenemos, los cambios son poco mantenidos a lo largo del tiempo. En este sentido, los científicos responsables de estos estudios alientan a la realización de estudios más focalizados sobre las identidades y trayectorias de vida para poder establecer alimentos con significado para cada uno de nosotros.

@Lillie_ML