De conformidad con las disposiciones transitorias de la Ley del Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU), a finales del próximo mes, la Secretaría de Hacienda habrá de someter un estudio a la Cámara de Diputados en el que se evalúe la posibilidad del eliminar el Impuesto Sobre la Renta (ISR) a las empresas mexicanas para ser gravadas exclusivamente con el IETU.

El notorio y previsible fracaso en el diseño y recaudación del IETU es patente. En los tres años en que ha estado en vigor, ha quedado muy por debajo de las metas estimadas de recaudación en porcentajes superiores a 30 por ciento.

El acreditamiento del IETU en contra del ISR, el cual se obtiene cuando las deducciones son mayores que los ingresos, ha sido subrepticiamente eliminado en la Ley de Ingresos de los dos últimos años.

Con ello se quiere disminuir el impacto que este crédito tendrá -tarde o temprano- en las cifras de recaudación, impacto que se calcula, al cierre del ejercicio fiscal del 2009, en una cifra superior a los 200,000 millones de pesos. Este monto es casi tres veces superior al de la recaudación neta de este impuesto por los años 2008 y 2009.

Esta cifra de la pérdida en el IETU es mucho más costosa que la tasa de 0% en el Impuesto al Valor Agregado (IVA) para alimentos y medicinas.

Poco importa que este impuesto haya distorsionado las decisiones de inversión a largo plazo, dada la incertidumbre que provoca su convivencia con el ISR o que haya disminuido las percepciones de previsión social para los trabajadores. Poco importa que funcionarios de Hacienda reconozcan que le hicieron ver a la Suprema Corte -con cifras catastróficas- lo que ocurriría de no respaldar la endeble constitucionalidad del IETU, cuando una gran parte de este impuesto era en realidad un ISR (recordemos que ambos impuestos se comparan y se paga el mayor).

Poco importa -igualmente- que las tesorerías corporativas retuerzan las prácticas empresariales para gastar al cierre del mes y evitar costosos pagos provisionales que gravan flujos y no riqueza. En tanto el IETU deje algo de recaudación para un demandante y creciente presupuesto anual, todo eso poco importa.

Todos los países con los que tenemos celebrados tratados fiscales han reconocido al IETU como un impuesto acreditable. Todos -menos Estados Unidos- los que, por lo pronto, han permitido su acreditamiento temporal, hasta concluir un análisis sobre el tema el cual se espera finalice este mismo semestre.

Dado el diagnóstico que el Tesoro estadounidense ha efectuado sobre impuestos equivalentes de otros países, es previsible que el IETU no sea considerado como un impuesto similar al ISR para efectos del tratado, teniendo en cuenta, además, que la Suprema Corte estableció que ambos tributos gozan de una naturaleza distinta. Esto, como lo planteamos en este mismo espacio (13 de mayo del 2010), habrá de generar doble tributación y, por lo mismo, añadirá incertidumbre a la inversión extranjera, precisamente lo que se quería evitar con la firma del tratado fiscal.

Las circunstancias anteriores harían previsible la derogación del IETU. Pero esto no sucederá, tal y como lo adelantó recientemente el Secretario de Hacienda (El Economista, 1 de mayo del 2011). Tampoco -claro está- habrá de eliminarse el ISR, el cual sigue siendo el impuesto que mayor recaudación genera en México (y en toda la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, salvo Islandia).

Tal parece que habremos de presenciar la subsistencia de ambos tributos y que habremos de patear el bote para la siguiente administración presidencial.

La posición de la Secret­aría de Hacienda­ de no eliminar el IETU se sustenta en el desequilibrio fiscal que se generaría por los flujos recaudatorios que deja este impuesto en cerca de 40,000 millones de pesos anualmente (cifra, por cierto, equivalente al subsidio que nos hemos ahorrado, igual anualmente, con la extinción de la improductiva Luz y Fuerza).

Sin embargo, para resolver este shakesperiano dilema que plantea la eliminación de uno de estos dos tributos, debe tenerse en cuenta no sólo la oferta presidencial de contar con un solo impuesto al ingreso, sino los dos factores de riesgo que aún enfrenta el IETU, tanto por la doble tributación que se generará e impactará a la inversión extranjera en nuestro país, como por los incesantes y crecientes montos del crédito fiscal del IETU -casi tres veces mayores que su recaudación- y que habrán de pasarle factura al presupuesto de los años venideros.