El próximo jueves vence el plazo de Hacienda para presentar el análisis fiscal del Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU). Supuestamente, a partir de ese análisis el Congreso decidirá si se mantiene o no el referido impuesto. ¿Qué perdemos si se va el IETU? Aunque la principal preocupación de los políticos es el posible boquete que dejaría en la recaudación eliminar ese impuesto, para mi gusto la principal pérdida sería renunciar a la posibilidad de transitar a un impuesto empresarial sin excepciones, fácil de calcular, de tasa relativamente baja, que otorgaría un enorme estímulo a la inversión con la deducción inmediata de activos e inventarios.

La idea original del IETU era sustituir al Impuesto Sobre la Renta (ISR) empresarial. La gracia de esa idea original es que equivale a eliminar de un plumazo (es decir, sin tener que negociarlos uno por uno) tanto los tratamientos preferenciales como los recovecos que erosionan su capacidad de recaudar.

Una verdadera transición al IETU -eliminando el ISR empresarial- traería enormes ventajas tanto para las empresas como para el gobierno.

¿Qué ganaríamos si se queda sólo el IETU sin el ISR? Las empresas contarían con la deducción inmediata de todas sus inversiones en activos y de toda su inversión en inventarios. Tener que esperar a cobrar sus deducciones a través de la depreciación y del costo de lo vendido es uno de los principales costos financieros de las empresas.

Además, quitar las excepciones quiere decir que la base aumenta y puede recaudarse lo mismo con una tasa de impuestos más baja.

Lo anterior implica un mayor rendimiento posterior de impuestos y que más proyectos productivos sean viables.

Para empresas pagadoras, la transición al IETU significaría recortar en aproximadamente la mitad su carga tributaria.

Al basarse en flujos de efectivo, el IETU simplificaría la contabilidad y el costo de pagar impuestos.

Por su parte, el gobierno se queda con un impuesto mucho más fácil de cobrar y administrar, mucho más difícil de evadir y con el mayor potencial de crecimiento en la recaudación a partir de las tasas más bajas. Las dudas sobre su constitucionalidad y acreditabilidad internacional se han disipado significativamente.

Por supuesto, las enormes ventajas del IETU sólo se obtienen si eliminamos el ISR empresarial. Si se quedan los dos impuestos, el IETU se convierte, como hasta ahora, en una carga financiera y administrativa adicional.

[email protected]