Hay muchos que piensan que Perú está muy lejos de México o que es insignificante para nosotros. Están equivocados.

Jorge Hank Rohn, Pablo Salazar Mendiguchía, la caravana de la paz Si les queda un poco de tiempo libre, échenle un ojo a lo que está pasando en Perú. El triunfo del militar retirado Ollanta Humala es una fábula que contiene más de una moraleja para el lector mexicano.

Perú es el país latinoamericano que más ha crecido en la última década. En ese periodo avanzó en el abatimiento de la extrema pobreza y consolidó una industria minera de clase mundial: son los primeros productores de plata en el orbe y los terceros en cobre. En el momento de las elecciones tenían proyectos de inversión en puerta por 40,000 millones de dólares, por parte de empresas mexicanas, canadienses, australianas y chinas.

Todo parecía ir bien. Con otra década como la pasada, Perú podría haber rebasado a México en ingreso per cápita y reducido la pobreza extrema por debajo de la marca de 20 por ciento. Sólo Chile ha conseguido algo parecido en nuestro continente. Esto dicen las estadísticas y sus tendencias. ¿Por qué los peruanos votaron en favor de un hombre que no garantiza continuidad? Ésa es una cuestión de difícil respuesta. Los resultados electorales indican que el cuento de hadas no iba bien para muchos peruanos. Ellos decidieron llevar a la Presidencia a un hombre que ha prometido una política más nacionalista y una estrategia de reparto de la riqueza más agresiva.Quizá los analistas debieron tomar más en serio algunos datos raros como el de que Perú tiene el récord mundial de proyectos mineros detenidos por comunidades locales.

Ollanta Humala es un militar retirado de 48 años que representa una nueva ola de políticos izquierdistas latinoamericanos. En los próximos días deberá responder a una cuestión fundamental: Chávez o Lula. En el 2006, él se declaró admirador del Mandatario venezolano. En el 2011, habló del milagro brasileño y su admiración por Lula. ¿Es sincero cuando dice que ya cambió?

Los primeros mensajes de su equipo hacen pensar que la opción chavista está descartada, pero sus palabras no son suficientes para dar como un hecho esta versión. El Presidente electo aún no ha pronunciado un discurso elaborado sobre su política económica. En el aire están sus declaraciones recientes de campaña en contra de los Tratados de Libre Comercio; en favor de cambiar las reglas del juego a las mineras y su falta de claridad para definir cómo haría para mejorar drásticamente los ingresos de los más pobres.

El dilema de Humala está lejos de ser un drama peruano. En más de un sentido tiene similitudes con el caso mexicano o con otros de la región latinoamericana. ¿Qué tan abiertas deben ser nuestras economías? ¿Cómo se debe tratar a las empresas más ricas de cada país? ¿Cuáles son los mejores caminos para mejorar el reparto de la riqueza?

Nuestro continente no tiene respuestas satisfactorias para estas preguntas cruciales. Por eso somos terreno fértil para los populismos de izquierda y derecha. ¿Qué pasaría si en el 2012 aparece un López Obrador rectificador de lo que hizo en el 2006? ¿Le creerían los electores? Lo que pasó en Perú podría pasar en México, porque no estamos vacunados contra la posibilidad de un regreso de un discurso de izquierda nacionalista trasnochada. Para contrarrestarlo, no basta con recuperar 2.4% del salario mínimo en una década. Entre Lima y el DF sólo hay 4,226 kilómetros y muchas cosas en común.

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