Mike Pompeo lo advirtió en Budapest en febrero: cuidado a quien abra las puertas a Huawei

Hay guerra, pero se mantienen las formas diplomáticas.  No hay balas porque ocurre en los ámbitos intangible y comercial. El color del barniz es el de la seguridad, pero la rivalidad es por la hegemonía en la comunicación.

Es la guerra entre China y Estados Unidos.

Steve Bannon le diseñó a Trump la escaleta para que se la declarara a Xi Jinping. El aperitivo se lo tomaron los dos mandatarios en Mar-a-Lago, la oficina de relajación del estadounidense, en abril del 2017. Después vino la amenaza de Trump sobre una imposición de aranceles, una orden judicial de detención en contra de Meng Wanzhou, hija del dueño de Huawei, y finalmente, la declaración de guerra por parte de Google.

En el idioma de los símbolos, es decir, el diplomático, el presidente Xi Jinping envió ayer uno muy potente. Junto a su principal negociador comercial, el viceprimer ministro Liu He, acudió a un monumento en la provincia de Jiangxi para colocar un arreglo floral en recuerdo a la Larga Marcha de 1934, que supuso el ascenso al poder de Mao Zedong. Durante un año, el ejército rojo del Partido Comunista caminó más 6,400 kilómetros para sortear al ejército de la República China. Paciencia, el mensaje.

La guerra será larga, y como apunta Anna Fifield del diario The Washington Post, el gobierno chino prepara al país a través de la psicología del arte cinematográfico. La noche del pasado viernes el canal CCTV-6 cambió su programación. En lugar de trasmitir los Asian Film Awards emitió la película Heroic Sons and Daughters, del director Wu Zhaodi, cuyo trama esboza y azuza el sentimiento patriótico de la Guerra de Corea en la que China ayudó a Corea del Norte a combatir a los estadounidenses en 1950.

Durante el fin de semana, el canal chino transmitió dos películas bajo el mismo sentir patriótico, como son: Battle on Shangganling Mountain y Surprise Attack. En redes sociales, una especie de hashtag promovió tres frases en las que subyacían un claro mensaje a Estados Unidos: “¿Quieres hablar? Hablemos; ¿Quieres pelear? Lo hacemos; ¿Quieres acosarnos? Continúa soñando”.

Apple, Facebook, Google y Microsoft, entre otras tecnológicas, tuvieron que alinearse al programa de espionaje PRISM de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), la CIA líquida. Personajes como Zuckerberg se llevaron las manos a la cabeza simulando indignación. Apple, inclusive, en un acto de indulgencia, se negó a darle la llave al FBI de los criminales de San Bernardino en febrero del 2016. Sin embargo, la ley de vigilancia extranjera (Fisa, 2008), los obligaba a entregar datos solicitados vía órdenes judiciales.

Ahora, Huawei se encuentra en la lista negra del Departamento de Comercio estadounidense y Google ya se ha alineado a la escaleta de Steve Bannon. No es novedad.

El pasado 11 de febrero en Budapest, el secretario de Estado Mike Pompeo lanzó una amenaza a sus aliados europeos: “Queremos asegurarnos de identificar las oportunidades y los riesgos de usar ese equipo (de Huawei). (Porque) quien se asocie con ellos” tendrá dificultades para asociarse con Estados Unidos.

Como ocurrió en 1950, la estrategia china (y parece que empata con la de Trump) consiste en sentarse a la mesa diplomática con EU mientras ocurre la guerra.

FaustoPretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.