La mayoría de los analistas pronostica un año volátil, con optimismo cauteloso. El consenso de los analistas proyecta un incremento de 10% en el S&P 500 durante el 2013 y el año ha comenzado con el pie derecho.

Los principales índices bursátiles tuvieron un 2012 muy volátil, con un desempeño positivo y mejor de lo esperado por el consenso de analistas a principios del 2012.

Por ejemplo, el S&P registró un incremento de 13.4% comparado con el pronóstico del consenso, de 11.5%, levantado a finales del 2011.

Por su lado, el Dow Jones terminó el año con un incremento de 7.3% mientras que el Nasdaq registró una ganancia de 15.9 por ciento. El desempeño de la mayoría de los mercados durante el 2012 se puede dividir en tres fases muy claras.

La primera de éstas, que abarca los cuatro primeros meses del año, se caracterizó por un alza importante de los principales índices bursátiles y constituyó los últimos meses de un rally que comenzó en octubre del 2011.

A principios de abril del 2012, el S&P alcanzó un rendimiento positivo de 12.9% con respecto al cierre del 2011 y aunque el mes de abril tuvo un comportamiento ligeramente negativo, el ajuste importante a la baja no comenzó hasta mayo.

El comportamiento positivo del mercado en estos primeros cuatro meses del año fue impulsado por tres factores fundamentales: i) la mayor intervención del Banco Central Europeo (BCE) como proveedor de liquidez para aliviar la crisis europea; ii) el anuncio de la Fed de que mantendrá las tasas de interés en cero hasta el 2014 si es necesario, y iii) la mejoría en las expectativas de crecimiento económico a nivel global.

Sin embargo, el periodo mayo-junio fue marcado por una reversión importante de esta tendencia; el S&P 500 borró la totalidad de su ganancia observada en el primer cuatrimestre del año.

El retroceso se dio en medio de un fuerte incremento en la aversión al riesgo provocado por dos factores: 1) un deterioro importante en la situación económica y financiera de Europa y 2) un marcada desaceleración en la economía global, evidente tanto en EU y Europa como en varios países emergentes.

De estos tres factores, el de mayor peso fue sin duda el recrudecimiento de la crisis europea como consecuencia de la apatía de las autoridades financieras y políticas de la eurozona.

Esta minicrisis en los mercados y la creciente presión del resto del mundo obligaron a las autoridades europeas a tomar un papel más protagónico y contundente. Adicionalmente, la Fed y el BCE mandaron claras señales de una mayor intervención monetaria para apuntalar la situación económica.

Dichos anuncios marcaron el inicio de la tercera etapa de los mercados en el año, fase caracterizada por una importante recuperación de los índices bursátiles que fue reforzada por los bancos centrales durante el último cuatrimestre del año.

En septiembre, tanto la Fed como el BCE cumplieron con su promesa de implementar nuevas medidas de estímulo.

Por un lado, el BCE tomó la decisión de actuar como proveedor de liquidez ilimitada a los países miembros de la eurozona. Por su parte, la Fed anunció un nuevo programa de inyecciones de liquidez mediante la compra de bonos y, además, extendió su promesa de mantener las tasas en cero hasta finales del 2014.

Para el 2013, la mayoría de los analistas pronostica un año volátil pero con optimismo cauteloso para las bolsas.

El consenso de expectativas de los principales analistas proyecta un incremento de 10% en el S&P 500 durante el 2013 y, hasta ahora, ha comenzado con el pie derecho.

Sin embargo, es poco probable que esta tendencia se mantenga sin sobresaltos importantes. Por un lado, hay factores positivos como: los niveles récord de liquidez a nivel internacional para inversionistas y compañías, valuaciones relativamente atractivas en mercados desarrollados, señales positivas en el entorno económico en EU, menores presiones inflacionarias y la evidencia de que la desaceleración en China será ordenada y gradual.

Pero, por otro lado, hay factores de riesgo importantes como: la gran incertidumbre sobre el impacto del retiro de los estímulos monetarios en los países desarrollados, la falta de acuerdos definitivos que ayuden a Europa a salir de su letargo económico y un latente recrudecimiento de sus crisis de liquidez, además de las discusiones sobre el límite de endeudamiento en EU.

[email protected]