Los principales índices bursátiles tuvieron un 2011 muy volátil, con un desempeño flojo y por debajo de lo esperado por el consenso de analistas a principios del 2011. Por ejemplo, el S&P terminó prácticamente sin cambio comparado con el pronóstico del consenso de 11% levantado a finales del 2010. El desempeño de la mayoría de los mercados durante el 2011 se puede dividir en tres fases muy distintivas.

La primera fase que abarca los cinco primeros meses del año se caracterizó por un alza tímida, pero constante de los principales índices bursátiles y constituyó los últimos meses de un rally que comenzó en septiembre del 2010, impulsado por el incremento en el programa de inyecciones de liquidez implementado por la Fed.

Esta primera fase tuvo un sobresalto importante en marzo, cuando los mercados enfrentaron un periodo de importante debilidad provocado por el sismo y tsunami que a su vez suscitó una amenaza de crisis nuclear en Japón.

Durante el mismo mes de marzo, los mercados se recuperaron a los niveles previos al episodio de Fukushima en Japón y se mantuvieron laterales durante los siguientes dos meses. La segunda fase, marcada por una fuerte debilidad en los mercados en la que el S&P 500 perdió casi 15% de su valor en tan sólo tres meses, comenzó a finales de junio y se prolongó hasta el principio de octubre.

Esta segunda fase fue provocada por un golpe de realidad donde los mercados se dieron cuenta de que, lo que hasta ese momento era una crisis soberana de algunos países de la periferia europea, podría convertirse en la debacle de la Unión Monetaria Europea y el congelamiento del sistema financiero internacional. Durante esta segunda etapa también se dio el lamentable episodio de la negociación para aumentar el techo del endeudamiento de EU, protagonizado por el gobierno estadounidense.

La tercera etapa coincidió en comienzo y duración con el último trimestre del año y constituyó lo que se conoce como un rally de alivio. La esperanza de que las autoridades financieras y los bancos centrales tomaran un papel más protagónico y contundente para resolver de manera ordenada la crisis financiera europea, en conjunto con un mejor desempeño de la economía estadounidense ayudaron al S&P 500 a recuperar todo el terreno perdido y cerrar el año prácticamente sin cambio.

La mayoría de los analistas pronostica un año complicado y muy volátil para las bolsas. Por un lado, hay factores positivos como: los niveles récord de liquidez a nivel internacional para inversionistas y compañías, valuaciones relativamente atractivas, señales positivas en el entorno económico en EU, menores presiones inflacionarias y la evidencia parcial de que la desaceleración en China será ordenada y gradual.

Pero, por otro lado, hay factores de riesgo importantes como: la gran incertidumbre sobre el rumbo de la política económica en los países desarrollados -en Europa la posibilidad de que los líderes europeos no logren consensos para evitar un desen­lace caótico de la crisis y en EU la elección presidencial y la radicalización de las fuerzas políticas-, la amenaza de un posible conflicto en el Medio Oriente, el retiro gradual de los estímulos fiscales y monetarios en el mundo desarrollado y sus implicaciones sobre el crecimiento económico entre otros.

El consenso de expectativas de los principales analistas proyecta un incremento de 11.5% en el S&P 500 durante el 2012 y hasta ahora el 2012 ha comenzado con el pie derecho impulsado por una disminución en la aversión al riesgo a nivel global.

Sin embargo, es poco probable que esta tendencia se mantenga sin sobresaltos importantes. La mayoría de los analistas esperan una primera mitad del año sumamente volátil y una segunda mitad en la que se habrán despejado algunos de los riesgos más importantes -principalmente el de Europa- y en la cual los mercados podrían tener un mejor desempeño.

Ante este entorno plagado de incertidumbre, no sería sorprendente que los activos de menor riesgo, como los bonos del Tesoro y el oro, tuvieran un buen desempeño durante buena parte de este año. Sin embargo, los bonos del Tesoro posiblemente sean más susceptibles a un descenso en su valor, después de un desempeño excepcionalmente bueno en el 2011, conforme la aversión al riesgo disminuya.

Por el otro lado, el oro parece tener una mejor perspectiva como refugio de valor con buen potencial de apreciación durante el 2012, pero eso será tema de otra columna.