Inicia un año clave para la democracia en el país. La suerte de la segunda alternancia política se definirá en los próximos meses, conforme el programa de gobierno vaya concretándose y la luna de miel dé paso a la rutina cotidiana. En el breve lapso que lleva la presente administración, los acuerdos políticos han cristalizado admirablemente bien.

Casos notables han sido la aprobación del presupuesto y Ley de Ingresos en tiempo récord o la rapidez mostrada en el Congreso federal y las legislaturas estatales respecto del tema educativo.

Mucho se ha hecho en un mes de gobierno. Pero los avances no están exentos de riesgos y la prueba de fuego serán los cambios fiscales y la reforma energética en un horizonte complicado.

Los eventos del año que arranca no dejarán mucho espacio para que pueda darse un debate legislativo sereno y pondrán a prueba el capital político ganado. El primer periodo de sesiones del Congreso (febrero-abril) coincidirá con las campañas para las elecciones en 13 entidades.

En julio próximo se renovarán 1,780 cargos en congresos y ayuntamientos locales. Sólo Baja California elegirá Gobernador y la disputa será muy cerrada, pues el PAN se juega uno de sus últimos bastiones.

Los comicios en Oaxaca, Puebla y Sinaloa, donde ganaron alianzas anti-PRI, tampoco serán fáciles.

El segundo periodo legislativo (septiembre-diciembre) no pinta mejor, ya que se empalma necesariamente con la aprobación del paquete económico para el 2014.

Así las cosas, el éxito de la agenda de reformas dependerá en gran medida de la firmeza de los partidos con el pacto que suscribieron. Los dirigentes nacionales de las tres principales fuerzas políticas, PRI, PAN y PRD, siguen apostando al cumplimiento de la palabra empeñada, pero las disputas por el poder empiezan a ocasionar algunas fisuras.

La más notable ha sido al interior del partido del sol azteca, donde la disidencia, encabezada por Dolores Padierna, asestó un golpe a los Chuchos al reunirse con el Secretario de Hacienda, posicionarse como interlocutora directa con el gobierno y presumir como logro personal el compromiso de diferir la presentación de la reforma energética hasta el mes de septiembre.

El tema es relevante porque, además de minar la autoridad de la dirigencia perredista, comprometería el plazo establecido en el pacto para dicha reforma y el retraso o, peor aún, la posposición de las iniciativas, sentaría un mal precedente para todos.

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