Jerusalén. Esto no lo quiero vender, quiero que tú te lo lleves porque eres mi hermano y cuando vaya a visitarte quiero tener el gusto de ver algo que quiero tanto en tu casa. No importa el precio, porque su valor real es nueve veces mayor al que te ofrezco; mira, para que te decidas te doy papel y pluma para que escribas una cantidad. No quiero que lo pienses, tómate el café que te invito con el corazón y cerremos hoy un trato con el que los dos salgamos contentos . Y el duelo verbal del regateo se extendía porque yo en realidad no quería comprar; vaya pues, ni me gustaba el preciado objeto que mi hermano quería que me llevara a casa.

De pronto, sudoroso ya a mitad del combate, el propietario de aquella tienda del mercado de la ciudad antigua de Jerusalén se abrió de capa y me soltó; Ayúdame, hermano, necesito dinero porque compré una casa y tengo que pagar el crédito o me la quitan .

Y así, la Ciudad Santa fue testigo de cómo las reglas de juego cambiaron y en lugar de sensiblerías o inigualables ofertas, el argumento de venta de aquel experimentado marchante armenio fue la tan cotidiana necesidad de generar los ingresos que permitan cumplir con un compromiso crediticio adquirido.

Porque hay que decir que en Israel se viven tiempos de enorme dinamismo en el mercado inmobiliario. No hay región en que no se estén construyendo importantes desarrollos habitacionales o en que no surjan nuevos complejos industriales, comerciales o de oficinas.

Y en la calle eso se siente, porque antes del episodio hipotecario con que empieza esta columna, un taxista me dio una clase de economía practica, explicando con detalle cómo una de las fortalezas del país era que aquí no se corrían riesgos al otorgar un crédito hipotecario, porque las cosas se hacían bien hechas, prestando en cada caso 60 o ya en casos extremos 70% del valor de la propiedad. En Israel, quien quiere una casa sabe que puede conseguir un crédito con tasa de 4% y plazo de 20 años, pero sabe también que para ello debe contar con un enganche que perdería en caso de no pagar su crédito.

Taxista y marchante reflejaban fielmente el dinamismo del mercado habitacional de Israel; con una sociedad que sabe lo que representan vivienda, crédito y condiciones regulatorias, las cuales permiten que, ante un cliente que no paga, la propiedad pueda ser recuperada en un plazo de tres a cuatro meses, dando con ello el entorno jurídico seguro y estable que permite la sana evolución de un sistema que tiene como únicos participantes a bancos locales.

Y de la cotidianidad de un mercado y un taxi, el tema se repitió en las salas de juntas en que profesionales de la construcción o funcionarios del gobierno israelí hablaban de la forma en que la industria de la construcción, en especial la vivienda, estaba cumpliendo con la doble misión de impulsar las economías locales, generando al mismo tiempo la infraestructura física que requería el desarrollo del país en lo general y la consolidación del potencial de cada una de sus regiones en lo particular.

Estamos hablando de una economía bastante fuerte en que la vivienda, sea en renta o compra, es un insumo preciado, escaso y caro, con precios mínimos de hasta 300,000 dólares, aun a pesar de un complejo proceso relacionado con el suelo en que el Estado es el único propietario de todo el territorio del país, otorgando únicamente el derecho de uso del mismo al desarrollador por un periodo de 99 años, para que éste a su vez lo traslade al comprador final.

Y bueno, ya había comentado la semana pasada que todo esto estaba marcado también con un total compromiso con la sustentabilidad, la cual será patente cuando se lleve a cabo Watec, la gran exposición que tratará sobre agua y energía, a realizarse en Tel Aviv del 15 al 17 de noviembre de este año.

Un último mensaje: si algún amable y gentil lector se interesa en el preciado objeto que evidentemente acabé comprando a mi hermano armenio, no dude en contactarme porque a final de cuentas yo también tengo que pagar mi hipoteca a fin de mes.

Los invito a mantenerse en contacto conmigo a través de mi blog: www.centrourbano.com o mi nuevo espacio en Twitter: @horacio_urbano.