¿Cómo diseñar clases en línea para estudiantes sordos? ¿Cómo motivar a los estudiantes a mantenerse activos sin salir de sus casas? ¿Qué hacer si los estudiantes no pueden conectarse a la hora usual de sus clases? Los maestros tienen la gran responsabilidad de la formación y desarrollo de los jóvenes. Durante esta pandemia, los profesores han enfrentado desafíos sin precedentes y se han visto forzados a salir de su zona de confort. Tres maestros, nos comparten sus experiencias exponiendo los retos que enfrentan día con día y los cambios que han implementado durante esta contingencia para lograr cumplir con su misión.

Lizeth G. Acosta, maestra de secundaria y preparatoria, tiene a su cargo estudiantes sordos y estudiantes oyentes y hoy comparte con nosotros su experiencia como docente durante esta inédita situación. Como resultado de la suspensión de clases presenciales, Lizeth empezó a dar clases en línea desde el inicio de marzo y entonces tuvo que dedicar varias semanas a experimentar, probar diferentes plataformas y encontrar la mejor manera de producir material académico apto para sus alumnos sordos. Además, del tiempo invertido, fue necesario adquirir algunos materiales y herramientas de trabajo nuevos: “Para cumplir con mi labor desde casa, tuve que comprar algunas cosas. Por ejemplo, compré un tripié para poder grabarme dando mis clases con el celular”.

Al inicio de la transición a las clases en línea, Lizeth hacía videos de Youtube donde enseñaba material nuevo y le pedía al intérprete con quien trabaja que hiciera otro video para sus estudiantes sordos. Sin embargo, los estudiantes no podían ver ambos videos simultáneamente por lo que este método de enseñanza era subóptimo. Ahora, ella usa Zoom para grabar, junto con su intérprete, videos donde se visualicen las presentaciones de Lizeth al mismo tiempo que la traducción del intérprete. También ha adoptado la plataforma de Google Classroom, ya que ahí puede recibir y calificar las asignaturas realizadas por sus estudiantes.

“Al inicio me costó un poco de trabajo, pues no estaba familiarizada con estas plataformas. Sin embargo, cuando las cosas se normalicen, me gustaría seguir usándolas pues me he dado cuenta de que son una buena herramienta para la educación”.

Otro cambio que Lizeth ha vivido es la extensión de horarios de trabajo. “Trabajo todo el día, como no teníamos nada preparado para las clases en línea, es mucho más tardado encontrar material para compartir con los estudiantes, crearlo, darles asignaturas que puedan trabajar desde casa y calificar sus trabajos. Mis alumnos me entregan sus tareas a distintas horas, pues en muchos casos tienen que compartir la computadora con sus papás y hermanos”.

Siendo maestra de ciencias, sin la capacidad de hacer prácticas de laboratorio en la escuela, Lizeth ha tenido que ser muy creativa durante este periodo. “La teoría y la práctica en las ciencias van de mano en mano, aunque no podemos hacer los mismos experimentos que haría en la escuela, busco cosas que se puedan realizar desde casa. Por ejemplo, hace unas semanas les pedí a mis estudiantes que representen un ecosistema de su hogar. Por ejemplo, el ecosistema dentro de sus plantas”.

La preocupación más grande de Lizeth durante este periodo es la falta de contacto personal con sus alumnos. “Muchas veces cuando hacemos videollamadas, todos tienen sus cámaras y micrófonos apagados. Los maestros no tenemos forma de saber si están poniendo atención o como se sienten”. Sin embargo, menciona que espera que este periodo le sirva a sus estudiantes para apreciar el tiempo que pasan en la escuela con sus amigos y maestros.

David Figueroa, quien es profesor de deportes, ha tenido que cambiar su forma de enseñanza tras la suspensión de actividades presenciales. “Aunque las actividades presenciales en el club se suspendieron desde mediados de marzo, yo sigo yendo al club. Todos los días grabo un video con rutinas de ejercicio de quince a veinte minutos que suben a la página del Club Alemán de México. Procuro que sean rutinas cortas, que las personas puedan repetir si quieren, porque si el video es demasiado largo menos personas están dispuestas a hacer los ejercicios que les pongo. También hago entrenamientos vía Zoom, en los cuales le enseño desde a niños de seis años hasta señores de 70 años. Finalmente, también mando rutinas escritas a las personas con las que llevo entrenando más tiempo”.

A pesar de que David ha encontrado buenas alternativas para este periodo de tiempo, expresa que el ejercicio a distancia tiene muchas limitaciones. Él considera que las clases en línea tienen tres problemas principales: falta de motivación, falta de corrección y falta de personalización.

“Primero, se necesita mucha disciplina para hacer ejercicio en tu casa. Sin un entrenador presente, no hay nadie que te motive y te impulse a continuar haciendo la rutina. Algo que noté es que al inicio de la cuarentena, mis videos tenían alrededor de 1,200 visitas, ahora solo los ven aproximadamente 200 personas. Las clases que hago por Zoom han sido más exitosas, sigo teniendo el mismo número de alumnos y me están pidiendo que ofrezca más clases al día”.

“El segundo problema del ejercicio no presencial es que el entrenador no puede corregir al estudiante. En los videos que subo, yo no veo al alumno. Si las personas hacen los ejercicios mal se podrían lesionar, lo cual es muy grave pues las lesiones pueden durar meses, años o toda la vida. En Zoom, puedo corregir un poco más al estudiante, pues aunque sea en una pantalla muy pequeña, lo puedo ver.”

“El tercer problema con la falta de entrenamientos en línea es que no puedo personalizar las rutinas, normalmente cuando un alumno se siente mal o le duele alguna parte del cuerpo, yo puedo ofrecerle rutinas personalizadas. Sin embargo, por la naturaleza de las plataformas en línea, tengo que hacer videos que muchas personas puedan hacer”.

Por estas tres razones, David argumenta que esta alternativa no debería de tomarse como un sustituto una vez que la situación global se normalice. A pesar de las limitaciones, David se ha sorprendido gratamente de la habilidad de adaptación de sus estudiantes más jóvenes a la situación actual y de que la gente puede hacer ejercicio sin necesidad de muchos aparatos o grandes espacios. Espera, que esta experiencia, incentive a más personas a ser activas y las concientice de la importancia del ejercicio.

Patricia Montes es maestra de tercero de primaria, le enseña a niños de ocho años y durante esta pandemia, ha trabajado principalmente con la plataforma Seesaw. Patricia empieza su día a las 7:00 am y lo termina a las 11:00 pm, a veces más tarde. Todos las mañanas, le asigna a sus estudiantes actividades de las seis materias que enseña: matemáticas, lectura, escritura, ciencias, salud y ciencias sociales. Las asignaturas incluyen videos, que ya existen o que son creados por Patricia, y actividades que los estudiantes completan para evaluar su entendimiento del contenido de los videos. El resto del día lo dedica a calificar trabajos y juntas de su escuela.

“Mis niños tienen desde las ocho de la mañana hasta el siguiente día a las diez de la mañana para entregar el trabajo que les asignó durante ese día. No los penalizo si no lo pudieron hacer a tiempo y les doy la opción de entregarlo el fin de semana. En mi caso tengo alumnos que tienen papás que son doctores, enfermeras, etc. Mis alumnos no pueden trabajar solos muchas veces y necesitan ayuda o bien, sus papás les piden que los esperen. [...] Para que te des una idea, yo soy maestra de un grupo de 23 alumnos y cada día tengo que calificar y retroalimentar todos los trabajos que asigno”.

Los horarios extendidos de clases afectan las dinámicas familiares de los maestros. “En casa todos somos profesores -- mi hermana, mi esposo y yo -- y mis hijas también están en clases. Tuve que contratar un internet extra, ahora tenemos dos proveedores de internet en un departamento chiquito porque requerimos de mayor capacidad. No nos vemos en todo el día y cada quien se conecta a su computadora con audífonos, por ejemplo, ahora mi hermana está dando clase en su recamara y yo estoy en el comedor. Siempre tratamos de comer juntos y los fines de semana procuramos hacer algo diferente como jugar juegos de mesa para mantener la cercanía”.

Algo que ha sorprendido a Patricia durante este periodo en su trabajo es que sus estudiantes introvertidos han destacado mucho más de lo que hacían en clases presenciales. Las clases virtuales les permiten hacer preguntas sin la presión de hacerlas en frente de otros estudiantes. De la misma manera, Patricia se ha dado cuenta que ahora que sus estudiantes trabajan desde casa, sus padres están más involucrados en el aprendizaje de sus hijos. “Los papás que les había comentado que su hijo tenía algún problema o necesitaba ayuda en algo en particular que no me creían, ahora que tienen al hijo en su casa todo el tiempo, se dan cuenta que si es cierto lo que les comentaba y ahora el alumno puede recibir la ayuda que necesitaba”.

Los maestros, nuestros héroes inadvertidos, son un pilar fundamental en la formación y crecimiento de los jóvenes. Como sociedad, debemos apreciar y reconocer los enormes retos que enfrentan cada día para cumplir con su labor y su rol fundamental, hoy más que nunca, en el bienestar integral de los alumnos.