¿Cómo se sobrevive al propio verdugo? ¿Cómo se rompe el pacto de silencio impuesto por quien se odia-ama? ¿Cómo se cierra el duelo sobre la propia infancia? ¿Cómo se curan las heridas insondables?

Con una escritura ágil, cercana a la oralidad, a veces próxima al diario, y profundamente personal, Adriana Bernal explora el mundo de la infancia desde una mirada despojada de sentimentalismo que, sin exageración, narra lo terrible cotidiano, la lenta pero ineludible transformación de la violencia en una presencia familiar, justificada en nombre del amor y del orden social: “por tu propio bien”.

En Ni una gota de humedad (2020, disponible en ebook), Bernal despliega un relato en primera persona que nos envuelve en la inquietante atmósfera de una casa que es armario, clóset, celda, bajo el velo de una normalidad “decente”, con gusto y “clase”. Leer, escuchar la historia que Valentina ya adulta rememora tras la muerte de Dominique, su “tía” postiza, es vivir desde dentro el impacto de los azotes normalizados, observar la dinámica familiar y social que instaura la crueldad como recurso formativo, la calla y acalla.

Cercana a Alice Miller en el examen de los usos de la pedagogía negra del siglo pasado, Bernal destapa los secretos de una familia “original”, vanguardista en cuanto homoparental en los años 80, cuya aparente falta de prejuicios oculta un cúmulo de frustraciones y constricciones internalizadas, las carencias de dos mujeres que unen sus vidas y fortunas en un pacto cuyas cláusulas cambian sin acuerdo previo. Iguales en apariencia, al cabo de pocos años Dominga y Dominique reproducen la desigualdad de las relaciones conyugales más tradicionales. En este juego de poder, entre dos encarnaciones de figura materna dañada, quien sale perdiendo es Valentina, blanco de la mirada implacable de la amiga de su madre que se arroga la autoridad de disciplinar, según su deseo y sus temores, a la niña sometida desde el primer momento a su observación y voluntad.

Novela de formación y novela de la infancia, Ni una gota de humedad es por momentos un relato de terror: nos confronta con el maltrato que han sufrido niñas y niños en silencio, bajo amenaza; nos echa en cara la tolerancia de una sociedad que prefiere no ver el tormento físico, no saber del sufrimiento psicológico, para no asumir su complicidad. A través de la reflexión retrospectiva de su protagonista, Bernal ofrece una exploración psicológica de la violencia: Valentina escudriña la complejidad de la relación madre (postiza)-hija (adoptiva) con una lucidez que le permite reconocer tanto el odio y el resentimiento hacia quien más daño le ha hecho como el amor y la admiración hacia quien la formó como “mujer de bien” y le enseñó el valor de la cultura. Atada por el doble lazo de la ambigüedad afectiva, por el doble discurso de la exigencia maquillado de amor, Valentina relee su historia desde sus heridas y desde su fortaleza. A la vez que desnuda el autoritarismo que se ensañara con su cuerpo y su espíritu, reconstruye una historia de resistencia que no excluye, sin embargo, la voluntad de comprender  los “procesos”: el suyo, el de Dominique y el de Dominga, la madre ausente.

Al atreverse a decir la dificultad de rechazar de tajo el disciplinamiento “bien intencionado”, Bernal explora con sensibilidad e inteligencia los laberintos del “amor materno”, la justificación social de la violencia, los efectos más profundos de lo que llamamos “trauma”. Al configurar a su protagonista como una narradora que no cesa de observar y cuestionar, que busca su voz como antes buscó su paz, si no su libertad, Adriana Bernal ha creado  a una personaje entrañable cuya historia de resistencia le da nuevo significado a la palabra “resiliencia”. Con esta novela corrobora el poder de la ficción para cuestionar(nos) el mundo e imaginar otras formas de ser y vivir en él.

Lucía Melgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).

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