El enredo de la gruesa madeja en la que se ha convertido la interacción política en el estado de Oaxaca tiene su origen en tres hebras, representadas, cada una, por uno de los cuatro exgobernadores vivos, quienes han llevado su operación a puntos de confrontación.

Los exmandatarios Diódoro Carrasco Altamirano (1992-1998), José Murat Casab (1998-2004) y Ulises Ruiz Ortiz (2004-2010), a diferencia de su antecesor, Heladio Ramírez López (1986-1992), decidieron mantenerse en el escenario político en activo, moviendo a sus allegados como piezas de ajedrez.

Y es en ese tablero donde actualmente tiene lugar el proceso para renovar la gubernatura. Los tres tienen un activismo político intenso, diferenciado sólo por las formas, pero con un objetivo compartido: mantenerse como factores de poder.

El 23 de febrero pasado el líder nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones Rivera, encabezó en Oaxaca la Convención Estatal de Delegados, donde fue declarado candidato a la gubernatura Alejandro Murat Hinojosa.

Con esa decisión, que beneficia al grupo político encabezado por el exgobernador Murat, originario de Ixtepec, aparentemente terminaría la confrontación interna en la que estuvieron al centro al menos siete priistas que buscaban la nominación; sin embargo, todo parece indicar que no será así. Y no puede ser porque la animadversión viene de tiempo atrás.

El exlíder nacional del PRI y excandidato presidencial, Luis Donaldo Colosio Murrieta, colocó como candidato del PRI a gobernador a Diódoro Carrasco, originario de Cuicatlán. Al final de su mandato, éste impulsó a José Antonio Estefan Garfias como abanderado del tricolor, pero José Murat Casab amenazó con salirse del partido si no le daban la candidatura y finalmente el presidente Zedillo accedió a nominarlo.

Al final de su mandato, el entonces precandidato presidencial del PRI, Roberto Madrazo Pintado, impulsó a Ulises Ruiz, quien, a su vez, en el 2010 impuso como candidato a Eviel Pérez Magaña, quien había sido su secretario de Obras Públicas.

Por eso en el 2015, en el marco del proceso de selección del candidato del PRI, hubo un intenso jaloneo político y los ánimos de revancha resurgieron.

Ulises Ruiz nuevamente impulsó a Eviel Pérez Magaña, quien se encontraba liderando las encuestas, pero tenía dos grandes negativos: perdió ya una vez la gubernatura (frente a Gabino Cué), a pesar de que logró una votación histórica para el PRI y luego perdió en las urnas la senaduría frente a Benjamín Robles, aunque logró un escaño como primera minoría.

En tanto, José Murat Casab impulsó con éxito la candidatura de su hijo, haciendo valer su cercanía de los últimos años con el grupo compacto del presidente Enrique Peña Nieto. A Murat se le identifica como uno de los principales operadores del Pacto por México, primero con la gente del PRD, encabezada por Jesús Ortega, y luego con la del PAN, liderada entonces por Gustavo Madero. Las primeras reuniones se dieron justamente en la casa del oaxaqueño en la ciudad de México. Cuando tuvo forma en acuerdo, fue nombrado coordinador ejecutivo del Consejo Rector del mismo.

De esta forma quedaron al margen de la nominación, además de Pérez Magaña, el exdiputado Samuel Gurrión; el presidente municipal de Oaxaca, Javier Villicaña; el director de Liconsa, Héctor Pablo Ramírez, y la diputada federal Mariana Benítez.

La madeja del PRD

Fuentes consultadas en diversos partidos en Oaxaca coinciden en que la construcción de la candidatura del expriista José Antonio Estefan Garfias por el PRD se fraguó desde hace varios meses, impulsada por el exgobernador Diódoro Carrasco, expriista y actual secretario general del gobernador panista de Puebla, Rafael Moreno Valle, y por el actual mandatario oaxaqueño Gabino Cué Monteagudo.

En la carrera por esa nominación estaban el senador Benjamín Robles Montoya, el diputado federal José Antonio Estefan Garfias y el coordinador de los diputados perredistas, Francisco Martínez Neri.

El rival a vencer era Robles Montoya, un político que inició su carrera como diputado local en Michoacán. Luego Gabino Cué lo incorporó como su asesor cuando fue presidente municipal de Oaxaca. Después, cuando logró la gubernatura, lo hizo su secretario particular y coordinador de los Módulos de Desarrollo Sustentable del gobierno del estado.

En el 2012 lo hizo candidato al Senado por Oaxaca. Ese mismo año se postuló también Diódoro Carrasco, pero perdió.

En Oaxaca hay quienes afirman que hubo un pacto en el que Robles fue colocado para perder, pero se rebeló, y de ahí surgió el rompimiento con Cué y Carrasco. Lo cierto es que a partir de ese año hubo un distanciamiento evidente entre Robles y los otros dos. Por ello algunos explican que lo ocurrido en la decisión del consejo estatal del PRD, controlado por Gabino Cué, lo que ocurrió fue que le cobraron ésa y otras facturas políticas y por ello no ganó. En cambio sí lo hizo Estefan Garfias, el mismo que en 1998 fue obligado por Zedillo a dar un paso al costado para dejar pasar a Murat.

Días después de la nominación del perredista se formalizó la coalición con el PAN y, en un inicio con el PT, denominada Con Rumbo y Estabilidad por Oaxaca, aunque algunos creen que todavía podría fracturarse, incluso algunos se atreven a señalar que el PAN podría salirse de la alianza y apoyar a Robles Montoya, quien está en pláticas para postularse por el PES o por Renovación Social, de registro estatal.

La semana pasada, el PT anunció que renunció a su alianza con el PAN y el PRD y decidió abanderar a Robles Montoya.

Morena, dividida

En Morena Andrés Manuel López Obrador decidió que el candidato a la gubernatura fuera Salomón Jara Cruz, quien se incorporó a ese partido en el 2014, luego de militar en el PRD, del cual es fundador. Se trata de un exintegrante del grupo del gobernador Gabino Cué, quien lo incorporó al gobierno del estado como secretario de Desarrollo Agropecuario, Forestal y Pesquero.

En los últimos años su prestigio ha sido cuestionado por organizaciones campesinas que lo acusan de desviar recursos públicos destinados al campo, para llevarlos al partido. Además, enfrenta la inconformidad de grupos dentro de Morena, que no lo querían como candidato, incluida gente de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que, se sabe, habría recibido la promesa de López Obrador para aceptar la postulación como candidatos a diputados locales de 11 de sus compañeros a cambio del apoyo al partido.

Ése es el escenario en el que se renovará la gubernatura del estado, donde hay esta vez la oposición y particularmente la izquierda se presenta dividida y del cual pocos se atreven a hacer pronósticos, salvo los que indican que los exmandatarios estatales seguirán dándose con todo en diferentes frentes haciendo cada vez más enredado este proceso, como el quesillo de Oaxaca.