El gobierno del Distrito Federal prometió revisar la seguridad de todos los locales que concentren a muchas personas. ¿No sería bueno que el sector financiero revisara también sus salidas de emergencia?

Nuestro país no ha sido ajeno a las tragedias que implican la concentración de masas. Recuerdo desde un túnel en el estadio de Ciudad Universitaria (CU) en los 80, donde murieron muchos jóvenes, hasta el Lobohombo o el New’s Divine. En estos casos, el común denominador fue la falta de medidas de seguridad para enfrentar una emergencia.

Pero fue a raíz de la tragedia en Brasil, donde murieron centenares de personas en un antro, que el gobierno de Miguel Ángel Mancera prefirió revisar cualquier lugar que implique concentración de personas.

Está muy bien que 10,000 o 50,000 personas se puedan reunir a escuchar un concierto, o 100,000 personas a ver un partido de futbol.

Sobre todo, porque en este país durante muchos años fue imposible organizar estos eventos masivos de una forma segura y ordenada.

Se pueden organizar estos espectáculos gigantescos, en la medida en que, ante una contingencia, se puedan evacuar los recintos rápidamente y a salvo, sin consecuencias para los espectadores, los protagonistas, los empresarios o las autoridades.

En los mercados financieros mexicanos sucede lo mismo que con los grandes espectáculos. Han mejorado su calidad, han aumentado su variedad, hay cada vez mejores recintos o instrumentos de operación y concentran muchos miles de millones de dólares.

La Bolsa Mexicana de Valores hoy es el equivalente a Lady Gaga: logra entradas récord por estar entre las protagonistas de moda. Y ni hablar del mercado de deuda nacional, que tiene tantos participantes como si se tratara de un juego de Barcelona contra Real Madrid en el Estadio Azteca.

Éstas son opciones que México no tenía hace unos cuantos años. No había, como en el caso de los conciertos, manera de participar de manera segura y ordenada.

Porque así como en 1985 murieron 10 aficionados en el túnel 20 del estadio de CU, en una final del futbol mexicano, donde entraron 110,000 espectadores a un escenario con capacidad para 60,000; así, la Bolsa de valores tuvo una tragedia por sobre cupo y manejo irresponsable en 1987.

Hoy en el mundo hay una sequía de buenos rendimientos, pocos buenos conciertos diríamos para mantener la analogía, y, repentinamente, aparecen los mercados emergentes con carteles interesantes, con instrumentos de deuda con buenos rendimientos y en escenarios de bajo riesgo.

México ofrece al mundo una tasa de interés imposible de conseguir en el primer mundo, sólo replicable en países que tienen niveles de riesgo crediticio superior.

Esto hace que el local donde se presenta el espectáculo de los bonos mexicanos se abarrote de espectadores. Entraron ya ?1 billón 600,000 millones de pesos, hasta el pasado mes de enero, de recursos de residentes en el extranjero.

Son capitales que van, sobre todo, al mercado de bonos a tasa fija y a largo plazo. Un país con una calificación crediticia de facto en niveles A, como México, con un premio de 5% a 10años, a diferencia de 2% de Estados Unidos, es como un concierto de los Rolling Stones con boletos gratis.

Las firmas calificadoras han asegurado que no tienen planes de dar un upgrade a la calificación de la deuda soberana de México, quizá porque han visto que el estadio está lleno de extranjeros que suelen ser muy nerviosos en su comportamiento financiero.

Está claro que hace falta un pequeño movimiento externo en las tasas de interés del mundo, de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), por ejemplo, o algún evento imprevisto, para que esos billones busquen la salida de emergencia y puedan provocar una tragedia en el embudo de la puerta de salida. Por eso es que las autoridades mexicanas deben tener los mecanismos de emergencia bien afinados para que, si en algún momento dado, miles de millones de dólares quieren salir por la puerta del tipo de cambio, haya la suficiente amplitud para que todos los que quieran tomar un salvavidas del dólar lo puedan hacer sin problemas.

Los participantes de los mercados están gozando del espectáculo de los grandes rendimientos, si de paso se logra que con las reformas estructurales se dé mayor estabilidad a la economía y, por lo tanto, se refrenden las calificaciones que tiene de facto, pues los inversionistas estarán presenciando el espectáculo financiero de sus vidas.

Pero si no hay reformas, si la tormenta perfecta estalla, es indispensable que las salidas de emergencia estén preparadas.

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