Pemex es como la Selección Mexicana. No es necesario entender de futbol para opinar sobre el Tri, sus jugadores y entrenadores, ni de petróleo para comentar el desempeño de Pemex, sus trabajadores y directores. Ni siquiera la falta de datos duros o evidencia técnica nos detiene. Los mexicanos nos sentimos tan potencia futbolera como petrolera y, en su debida temporada, dirigimos nuestra mirada a los campeones nacionales. Es inevitable que Pemex sea la empresa más comentada y analizada, querida y criticada.

Igual que la selección es el emblema del futbol mexicano, Pemex ha sido el símbolo del sector petrolero mexicano. Ambos son íconos tan potentes que, de hecho, su significado va mas allá de su sector inmediato. En muchas formas, el Tri representa a todo el deporte mexicano. Pemex también, de alguna forma, representa a todas las empresas mexicanas.

Es injusto. Hay muchos equipos mexicanos de futbol, profesionales y no, que se parecen muy poco a la selección; hay cientos de miles de empresas mexicanas que no se parecen nada a Pemex, ni en giro, ni en tamaño, ni en valores, ni en estructura de propiedad.

Pero es lógico. Ninguna de estas empresas, quizás ni siquiera en conjunto, tiene tanta capacidad de influir en cómo es percibido el sector energético mexicano allá afuera. Y ninguna de ellas tiene tanta capacidad de incidir en el entendimiento que tenemos los mexicanos sobre qué es ser empresa y empresario.

Si la empresa “pública” más importante del país es un exmonopolio que ha combatido cualquier intento por exponerla a la competencia, ¿no sería natural que la tendencia monopólica esté mucho más arraigada en nuestra cultura empresarial que en otros países? Si Pemex ha sido opaca y turbia en algunos manejos, ¿no sería predecible que la integridad corporativa en nuestro país esté rezagada? Si el gobierno corporativo de Pemex es poco sólido en varios rubros, ¿no sería normal que muchos consejos de administración agreguen poco valor? Visto de esta forma, no parece tan ajeno a Pemex que el concepto de inversiones con criterios ESG (environmental, social, governance) esté tan rezagado en México.

Si los políticos que han controlado a Pemex han preferido verbos como “exprimir” y “explotar”, no debería sorprendernos que la compañía —y muchas otras que siguen su ejemplo— se comporten más como rentistas que como empresarios y ejecutivos capaces de crear valor. Si la exigencia técnica de los planes de megaproyectos se han tomado a la ligera, no debería sorprendernos si los empresarios les hemos perdido el respeto a los empresarios: si así de fácil es como se generaran los ingresos legítimos para amasar grandes riquezas, nadie los merecería.

Coincido plenamente con el presidente López Obrador en su llamado de ver mucho más allá de métricas cuantitativas; hay que rescatar a Pemex en el sentido más amplio del concepto. También coincido en que Pemex debe conservar un sentido especial para el país. Debe ser una autentica palanca de desarrollo, con un profundo sentido nacional. Debe ser capaz de lanzar las “misiones” de desarrollo petrolero que, por su estructura, ninguna otra empresa podría sonar con lograr.

Esto implica que se le debe imponer a Pemex mayor exigencia, no que se le justifique más. Un Pemex capaz de competir, con un profundo sentido nacional, interconectado con el mundo, que sea orgullo a nivel internacional, requeriría del consejo de administración más visionario y estricto. Requeriría del management más competente. Requiere un profundo respeto a las leyes, los inversionistas, el mercado, la competencia. Requiere políticas de transparencia, integridad y sustentabilidad ejemplares. Y más.

Regresando al futbol, indigna cuando la Selección Mexicana, que nos representa, muestra actitudes de consentida, como si por sólo existir se mereciera todo. Quizás la sigamos apoyando a la hora de los partidos, pero estamos conscientes que manda un pésimo ejemplo para el resto de los deportistas. Hacemos bien en exigir más.

¿Y Pemex? ¿De plano no hemos visto la conexión entre Pemex y los empresarios, la energía y la economía? Si es en serio lo de leer alguna cartilla, para poner un ejemplo que trascienda, quizás valga la pena empezar por aquí.

PabloZárate

Consultor

Más allá de Cantarell