Hay propuestas muy absurdas que gravitan en torno a las amenazas que ha lanzado Donald Trump contra México. Los autores son políticos y representantes de grupos radicales que se acercan como moscas a la miel de la intolerancia presidencial.

Está, por ejemplo, la insinuación del secretario del Interior de Estados Unidos, Ryan Zinke, de invadir territorio mexicano para construir el muro y así no perder acceso al río Bravo.

La primera piedra de un plan así de ridículo sería el equivalente a una declaración de guerra. No parece que eso esté en los planes de la Casa Blanca.

Otra semilla que dejó sembrada Donald Trump durante su campaña apuntaba a gravar las remesas con un impuesto para tener recursos para financiar la construcción de su pared.

Si el impuesto fuera dirigido a los envíos que van exclusivamente a México, sería relativamente sencillo que la Corte estadounidense echara para atrás esa medida. Y si gravara todas las remesas, afectaría más a chinos e hindúes que a los latinoamericanos.

La posibilidad choca de frente con la simple posibilidad de que automáticamente se reactivarían los canales informales y las figuras financieras creativas para darle la vuelta a ese impuesto.

Sin embargo, los aplaudidores de Trump sí buscan imponer esa carga fiscal. La semana pasada, un grupo de legisladores del Partido Republicano presentó una iniciativa para aplicar un gravamen de 2 por ciento.

Es probable que haya algún grupo de legisladores de ese mismo partido político que entienden la inoperancia de esta idea y por lo tanto se encargarán de desechar esta propuesta, más allá de la necesaria oposición de toda la bancada demócrata.

Sin embargo, siguen alimentando este tipo de ideas retrógradas que sí acaban por sembrar un sentimiento negativo hacia los migrantes, específicamente aquellos que de acuerdo con sus estereotipos tengan apariencia de mexicanos .

Por lo pronto, las remesas que envían los connacionales a territorio nacional, básicamente desde Estados Unidos, gozan de cabal salud, a pesar del descenso registrado en febrero pasado de 1.4% en su comparación anual.

Sin embargo, sí merece la pena seguir de cerca el comportamiento de estos recursos en los meses por venir, porque esta baja va en sentido contrario de otros indicadores que han mostrado recuperaciones importantes en aquel país.

Podrían los mexicanos de allá estar haciendo un guardadito en caso de que lleguen a su puerta esos violentos migratorios de los que tanto se habla en estos días en los medios de comunicación.

No vendría mal un refrendo al más alto nivel del gobierno mexicano de la defensa que habrán de hacer desde acá en caso de que llegara a prosperar esa idea de gravar las remesas.

Ya ha habido pronunciamientos sobre una ley recíproca que aplicara un impuesto a las utilidades de ciudadanos estadounidenses en México, pero ahora que ya tomó forma una iniciativa de los republicanos es buen momento para dejar claro que esos dólares, que son los mejor repartidos en la economía mexicana, se van a defender como un perro.