Lo que pareció broma en un principio se está saliendo de control. La lección es clara: no podemos menospreciar a nadie por loco que sea, pues todo puede suceder. La historia lo probó en la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini y está a punto de hacerlo una vez más si no sucede algo extraordinario.

Donald Trump es oficialmente candidato a la Presidencia y supone una amenaza no sólo a la democracia de Estados Unidos, sino a la estabilidad del mundo, tal como lo advierte el Washington Post en un pronunciamiento inusual y contundente.

El problema es que Hillary Clinton tampoco representa una mejor opción ni parece tener la popularidad necesaria para ganarle al fascista republicano por un amplio margen. En un análisis brillante, Richard ?Ebeling demuestra que los dos candidatos tienen mucho en común, lo cual no genera mayor optimismo.

Ambos están a favor de un Estado de Bienestar intervencionista (sólo aplicado de diferentes maneras), ya que responden a diferentes coaliciones ideológicas y grupos de interés. Ambos prometen mucho a cambio de nada, dicen que generarán todos los empleos necesarios con sueldos bien remunerados, pero son escépticos a la libertad económica y el libre comercio, fundamentales para facilitar el mayor flujo e intercambio para que esto suceda.

Tal como afirma Ebeling, parecen muy distintos pero sus herramientas para implementar las políticas son muy parecidas. Trump promete usar el poder gubernamental para mantener fuera de Estados Unidos a todos aquellos que representen una amenaza mientras Hillary quiere usar el mismo poder para forzar a las personas a asociarse e interactuar con quien su gobierno considere mejor.

El común denominador es la coerción política para castigar y penalizar muchas de las elecciones en un mercado libre a través de la imposición fiscal y regulatoria para lograr lo que ella llama igualdad económica (sin tocar a sus amigos de Wall Street). Él quiere usar la misma imposición para forzar a muchas empresas a regresar, manufacturar y operar desde Estados Unidos, sin importarle lo que sea mejor para ellas.

Ambos son intervencionistas globales, quieren ser los policías del mundo e intervenir de manera económica, política y militar para supuestamente poner orden en sus propios términos.

A pesar de esto, sigo creyendo que Trump es la peor de todas las opciones en la historia reciente de las democracias civilizadas. Al no haber más alternativas, al mundo le conviene que llegue a la Casa Blanca la primera mujer en su historia.

Twitter: @armando_regil