Muchos piensan que estamos ante el final del camino tras el tsunami regulatorio vivido en ocho años de crisis. Queda aterrizar el detalle de algunas medidas y se abren nuevos frentes.

En este año continuará la implementación de la regulación aprobada en los recientes años para fortalecer la resistencia de los balances bancarios a las crisis. El 2014 marcó el arranque en el cumplimiento de los nuevos ratios de capital; el 2015 supuso la entrada en vigor del ratio de liquidez de corto plazo, y en el 2016 entran en vigor diversos colchones de capital macroprudenciales (el requerimiento para las entidades sistémicas, el de conservación y el contracíclico).

A partir del 1 de enero, el bail-in es efectivo en Europa, y podrá aplicarse en caso de resolución bancaria, de forma que los acreedores privados absorban las pérdidas de la entidad y no los contribuyentes. Por ello, este año se deberá concretar el requerimiento mínimo de pasivos elegibles para absorción de pérdidas que cada entidad europea debe acumular para hacer creíble y factible el nuevo marco de resolución.

Existen temas que las autoridades abordarán en el 2016. La heterogeneidad en el cálculo de los riesgos bancarios ha llevado a las autoridades a revisar ese cálculo para lograr una mayor comparabilidad en los ratios de capital. Por ello, cabe esperar una nueva vuelta de tuerca al capital exigido a los bancos en Basilea III.

De hecho, el Comité de Basilea está inmerso en una revisión exhaustiva de la valoración de los riesgos de la cartera bancaria, de la cartera de negociación y de otros, como el riesgo operacional o la introducción de suelos de capital. Mención especial merece la revisión del tratamiento regulatorio del riesgo soberano. Basilea debe analizar el tema minuciosamente, evitando soluciones simplistas, ya que dicho cambio podría afectar negativamente la estabilidad financiera y poner en peligro la recuperación económica.

Un campo de trabajo emergente será la regulación digital. La profunda transformación digital en la industria financiera con nuevos actores y servicios requiere de una respuesta por parte de las autoridades, con equilibrio entre la promoción de nuevos productos y servicios, con la protección del consumidor financiero.

Cada vez resulta más evidente que una banca ética no reduce la rentabilidad, sino que es una inversión a largo plazo, y aparecen nuevos temas en la agenda regulatoria. Algo parece estar cambiando.

* Economista jefe de la Unidad de Regulación y Políticas Públicas de BBVA Research.