Estamos terriblemente acostumbrados a que quien propone un salto hacia a atrás tiene que ser considerado como un progresista. Aunque la defensa de la mediocridad no conoce de ideologías.

Un progresista es el que busca defender las libertades individuales, no el que usa a la gente como carne de cañón para sus intereses muy particulares, sean políticos o económicos.

En las calles de la ciudad de México, por ejemplo, si un grupo de vecinos cierra la circulación de alguna avenida para exigir que la autoridad les brinde un servicio o corrija alguna falla, serán retirados por la fuerza en estricto cumplimiento de las leyes y reglamentos que garantizan el libre tránsito de los demás.

Pero si los manifestantes pertenecen a ese grupo arropado bajo las banderas de la izquierda, entonces no sólo no serán retirados, sino que serán cuidados por las autoridades capitalinas para que nadie se atreva a molestarles en sus manifestaciones, porque se trata de causas sociales .

El mejor ejemplo de cómo se tuercen las leyes en favor de los intereses de los que detentan el poder se dio con el cierre de Paseo de la Reforma de López Obrador después de que perdió las elecciones del 2006.

Pero ocurre todo el tiempo con el SME y con ese grupo híbrido, extraño, moteado como el 132. Pueden destrozar la propiedad privada, bloquear el paso, agredir a quien quieran y no hay autoridad que los frene, porque son de la izquierda progresista .

Pero para no ponerme histórico, veamos los ejemplos de esta semana donde se defiende el retraso.

Un grupo de estudiantes de tres escuelas normales de Michoacán se oponen al cambio del plan de estudios que propone que aprendan inglés, computación, que estudien más y se les evalúe mejor. Este grupo no quiere saber más, simplemente quieren cumplir con el requisito de la normal para poder vivir de la plaza de maestro el resto de sus vidas.

Claro que no tienen ningún conflicto ético o moral de saberse mal preparados, y con esa falta de capacidades, contribuir a la mala preparación de los niños.

Tampoco tienen temor al Estado de Derecho y, por lo tanto, secuestraron lo mismo las instalaciones de las normales, que transportes de carga y pasajeros.

Como no pasa nada, toman casetas de peaje de las autopistas y extorsionan a los automovilistas para que les den dinero si es que quieren seguir su camino.

En esa cultura de la defensa del retraso, los gobiernos federal y estatal se cruzan de brazos y buscan una salida política a la comisión de delitos flagrantes. Y cuando finalmente se deciden a actuar contra los secuestradores, llegan los grupos de choque, apodados como maestros, y vuelven a espantar a los que tomaron el juramento que hicieron de cumplir y hacer cumplir la ley como un pintoresco momento de su toma de posesión.

Hay en estos días otro grupo de mexicanos que sin marchas ni manifestaciones, sin ser para nada parte de esa izquierda a la mexicana, también pugnan por defender el retraso.

Dice a la letra el desplegado pagado por el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) a propósito de la reforma laboral (sin las faltas de ortografía originales): Aun cuando esta reforma implicaría costos y cargas adicionales para las empresas, nuestra prioridad es avanzar con una visión de país y concretar los cambios que nos beneficien como sociedad. Por ello, apoyamos decididamente el proyecto de reforma laboral, sin enmienda ni modificación alguna .

Esto es, los mismos que desde la década de los 70, en que se formó esta institución en respuesta al populismo echeverrista y que han pugnado desde siempre por cambios estructurales en este país, ahora se conforman con lo poquito que hay aunque los afecte.

Si don Juan Sánchez Navarro viera esto, seguro pegaría de gritos a sus tibios sucesores en la representación empresarial.

¡Y para desvelar tal mediocridad del pensamiento de esta cúpula empresarial pagan plana completa!

Parece más un mensaje de alineación con los intereses del partido que está a punto de retomar el poder que un posicionamiento ideológico de un sector que solía ser más arrojado. Me parece el anuncio formal del alineamiento con la siguiente administración.

Quizá el Consejo Coordinador Empresarial no debería preocuparse tanto, porque ya lo dijo la competente (en las pistas) senadora del Partido del Trabajo, Ana Gabriela Guevara, su partido no ha definido si se alía con el PRD y el PAN para buscar la democracia y transparencia sindicales. ¿Será que escuchan ofertas?

Es la muestra de que en eso de defender el atraso, los extremos se pueden llegar a juntar con mucha facilidad.