Noche de martes. Por los noticieros de la televisión me entero que detienen al exgobernador de Chiapas, Pablo Salazar, en el aeropuerto de Cancún. Comenzó la temporada de caza -me digo a mí mismo-. Escucho los motivos de la detención del susodicho: se le acusa de autogestionarse un bono sexenal por 104 millones de pesos. ¿Cuántos exgobernadores y exalcaldes que gozan de libertad y hasta presumen de ser políticos preocu­pados del bienestar de las comunidades a las que les tocó gobernar hicieron o están haciendo lo mismo de manera impune? (El exgobernador de Coahuila, Oscar Flores Tapia, que fue desaforado por órdenes de José López Portillo cuando le quisieron hacer cargos por un concepto similar al que le hacen a Salazar, justificó su actuación con estas sabias palabras: A poco querían que los gobernara de gorra ).

Pero en realidad mi interés en las noticias de la televisión estaba centrado en el caso del ingeniero Jorge Hank Rhon. El conductor del noticiero comunica que en breve sabremos si la PGR consignó al detenido y los delitos que se le imputan. Mientras tanto pasan unas imágenes de un grupo de más de 4,000 tijuanenses que piden la libertad de su exalcalde. Se les ve enardecidos y dispuestos a todo por su líder. El conductor explica que son empleados de sus múltiples negocios y personas beneficiadas por sus obras.

Mientras tanto, los priístas de todas las latitudes del país no meten las manos al fuego por el hijo del profesor de Santiago Tianguistenco. También, a través del telediario, confirmo que si la intención de los estrategas que, sin que se enterara el Presidente -Alejandro Poiré dixit-, planearon la detención del político y empresario, con objetivos electoreros para perjudicar al PRI en el Estado de México, el tiro les salió por la culata. Eruviel Ávila, según la encuesta del día, tiene 52% de la intención del voto. Está muy por encima de Alejando Encinas 21% y, no se diga, del remasterizado Bravo Mena que tiene 13 por ciento.

Aunque sea de empleados de todos sus negocios y de favorecidos de sus actos de gobierno o de altruismo. (Todo súper rico debe tener cuando menos una fundación de beneficencia con la que mata dos pájaros de un tiro: tranquilizar su conciencia y evadir impuestos). No deja de llamarme la atención el apoyo vehemente para una figura, según mi percepción, desprestigiada.

Le hablo al ingeniero H, asesor de esta columna para asuntos relacionados con toda clase de enigmas políticos y tramposas estratagemas. El ingeniero, amigo mío desde la adolescencia, es expriísta, no por convicción sino por falta de jale. Además es tijuanense. ¿Qué te parece si cenamos y hablamos del asunto?

Lo primero que me dice es que obviamente fue una maniobra preelectoral para chingar al PRI, pero se la pelaron y por supuesto que el preciso estaba enterado, ya parece que no . Lo que pasa es que los panistas se saben la tonada pero no la letra. Todos estudiaron en el ITAM, en la Libre de Derecho o en la Universidad Panamericana, ninguno es egresado del Instituto Gutiérrez Barrios .

Cuando le comento las muestras de apoyo, en mi concepto desmesuradas, para el detenido y la exigencia de su inmediata libertad como si se tratara de un preso político y no de un político preso, mi amigo, que no pierde oportunidad de burlarse de mi falta de malicia y de mis nulos conocimientos de la picaresca política, me dice: Cómo se ve que tú no conoces al pueblo de México en general y la psicología del tijuanense en particular. El ingeniero Hank es un ídolo, el Pedro Infante de la frontera.

Imagínate lo llamativa y paradigmática que es su figura: bebe tequila mezclado con veneno de víbora de cascabel, reposado en una barrica donde previamente pone un pene de león, otro de toro y cabellos de osos canadienses. Es padre de 19 hijos procreados con cinco diferentes mujeres; su fortuna es incalculable; posee 40 autos de lujo, un zoológico con cientos de animales, incluyendo 100 perros xoloitzcuintles, que son el emblema de su equipo de futbol que ascendió a la Primera División. Este simple detalle, el del equipo de futbol, lo convierte en prócer de una ciudad que está constituida por migrantes y que a través de los Xolos van a tener un vínculo que les dé identidad.

Por supuesto que es polémico, folclórico y excéntrico -continúa el esdrújulo ingeniero H-: No sé si sepas que durante su campaña para ser Presidente municipal usaba un chaleco rojo hecho con piel de pene de burro.

¿Te cae? -pregunto incrédulo-. Neta, imagínate un chaleco de piel de pene de burro. Ya -le reviro incrédulo- y cuando le daban un abrazo el chaleco se convertía en abrigo, ¿no?

Te apuesto -me reta mi amigo- que en estos momentos hay más de un director de un penal de alta seguridad pidiéndole a Dios que encarcelen al ingeniero de apellido ilustre en la institución a su cargo para convertirla en resort de alta comodidad. Dejo que se explaye. No nos hagamos pendejos, adonde lo manden lo van a dejar entrar con su garrafa de tequila, perros, guaruras y leones.

Hay algo en lo que no pensaron o no calcularon los que tramaron el golpe: No le están pegando a un manco.

Síntoma cultural

Con esta última frase resonando en mi oído regreso a casa. Vuelvo a Los intocables, el libro coordinado por Jorge Zepeda Patterson, al capítulo dedicado a Jorge Hank, escrito por mi benefactor de la columna del pasado martes, Marco Lara Klahr, que incluye un texto redactado, a petición expresa de Lara, por el ensayista, poeta, catedrático y novelista Heriberto Yépez, de quien tomaré prestados unos párrafos que apoyan, con sapiencia y buena prosa, algo de lo expresado por el ingeniero H.

Hank encarna un tipo psicológico con el cual se identifican muchas personas de la frontera; ese tipo psicológico es la construcción frustrada de lo masculino. No se puede decir esto sin decir esto otro: no sabemos quién es psicológicamente Hank; no podemos decir nada de su vida real, lo único que importa aquí es cómo es imaginado por la población. Hank simboliza a un hombre que enfatiza su masculinidad -a través de su poder, su vestimenta, sus anécdotas, los mitos en torno a su vida- y, sin embargo, junto a este ideal de una masculinidad fuerte (violenta, impositiva, temible) existen otros factores de cierto malogro -haber echado abajo el hipódromo como empresa, no haber ganado las elecciones (en el 2007), ser identificado como el asesino del Gato Félix- y ambas partes integran la fórmula de su popularidad, ya que la población se identifica con ese símbolo ambivalente: el súper macho y el macho en desventaja". (...)

Hank representa a un machote y ese machote levanta la admiración de miles de hombres y mujeres apocados de la frontera, que ven en Hank no sólo lo que desean ser, sino también los rasgos de sus propios malogros, es decir, si Hank fuera solamente un ganador no sería tan popular .

Oí por ahí

Un político en desgracia cae en la cárcel. No faltó un buen amigo que lo recomendara con el Director del reclusorio, el cual recibe al huésped amablemente y entabla con él el siguiente diálogo: Ingeniero, el Cereso a mi cargo lo recibe con los brazos abiertos y las rejas cerradas. Siéntase como en su casa: ¿Le gusta a usted el golf? Sí. Ah, pues si le gusta el golf va a amar los lunes, porque todos los lunes jugamos golf. ¿Le gusta jugar póquer? Sí. Ah, pues va usted a amar los martes, ese día jugamos póquer. ¿Le gusta el tenis? Sí. Va usted a amar los miércoles, ese día toca tenis. ¿Le gusta nadar? Sí. Usted amará los jueves día de natación. ¿A usted le gusta que le den para sus tunas? ¡No! Por supuesto que no. Entonces va a odiar los viernes, los sábados y los domingos.

Mañana en El Economista: Circo, Maroma y Votos .