Dada la psicología de López Obrador, en el campo de la economía simplemente ha convocado rebosante de voluntarismo: ¡Hágase el crecimiento económico!

Después de la renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda, en la entrevista que concedió a la revista Proceso, explicó que el principal problema del presidente López Obrador es su “voluntarismo”. La revelación, que así de bote pronto parece tan críptica, ofrece en realidad mucha miga. Es muy extraño que en su momento ningún analista se fuera a fondo en esta línea para sacar conclusiones interesantes. En particular, para explicar por qué el estilo personal de gobernar de AMLO ha resultado contraproducente para estimular el crecimiento económico.

Como se recordará, en el campo de la economía, una de las promesas de AMLO es la de recuperar la capacidad de crecimiento. Y dados sus rasgos psicológicos, para tal fin simplemente ha convocado rebosante de convicción voluntarista: “¡Hágase el crecimiento económico!”. Tengo para mí que el enfoque es fallido en sus fundamentos. En su esencia, la marcha de la economía la determinan las reacciones individuales, aunque concurrentes, de millones de consumidores, ahorradores y productores. Si las autoridades no consiguen —con la ayuda de las políticas económicas, claro está— alinear los incentivos de esos agentes económicos con su objetivo de hacer que repunte el crecimiento económico, esa recuperación no advendrá.

De hecho, el argumento resulta de utilidad para entender por qué hasta el momento el gobierno de AMLO no únicamente ha sido incapaz de restaurar el ritmo de crecimiento, sino que incluso ha metido a la economía interna en la senda del estancamiento. Así que de ninguna manera debe pensarse que las medidas controvertidas —cancelación del aeropuerto—, los exabruptos verbales —“conservadores”, “neoliberales”, “fifís”— o los errores garrafales —la fallida ley para bajar las comisiones bancarias— han sido inocuos o neutrales para la marcha de la economía.

El tema tiene mucho que ver con la cuestión de las corrientes de pensamiento en el campo de la ciencia económica. Las corrientes doctrinales heterodoxas, con la cuales tienden a identificarse las huestes de Morena y del lopezobradorismo, suelen poner demasiada fe en los poderes de la política económica. A mi juicio están equivocados y el error suele tener consecuencias muy negativas. El punto requiere de muy buen juicio. Desde luego que las políticas económicas tienen su potencialidad, pero para que consigan alcanzar sus metas depende de manera crucial que logren alinear con ellas los incentivos de los agentes económicos. Y es lo que no se está logrando en la cuarta transformación.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico