Por sentido común, el estancamiento podría efectivamente volverse crónico —es decir, permanente— en caso de persistir las causas que lo han provocado.

El gobierno de la 4T y el propio Andrés Manuel López Obrador han proclamado querer emular en lo económico a los sexenios del Desarrollo Estabilizador (1954 – 1970).

Alo largo de poco más de un año en el poder por el gobierno de la 4T, con el presidente Andrés Manuel López Obrador en el timón, la economía mexicana ha caído en un estancamiento muy visible, inocultable. Si bien no hay ningún observador que niegue el estancamiento y sus efectos dañinos, tampoco nadie se ha preguntado sobre la posibilidad de que se convierta en crónico.

Por sentido común, el estancamiento podría efectivamente volverse crónico —es decir, permanente— en caso de persistir las causas que lo han provocado. Y en lo principal, una de esas causas ha sido la incertidumbre que despiertan en la clase empresarial las políticas de la 4T y de manera particular el estilo personal de gobernar del presidente López Obrador. Y dentro de ese estilo, nadie puede poner en duda los daños que se derivan de la política comunicacional del presidente —de sus conferencias mañaneras— en donde se prodigan sin ton ni son arremetidas, descalificaciones, insultos sin conciencia plena de los efectos colaterales que se causan.

El gobierno de la 4T y el propio AMLO han proclamado querer emular en lo económico a los sexenios del Desarrollo Estabilizador (1954–1970). Sin embargo, en materia de retórica y de sesgo en favor del estatismo, el parecido es mucho mayor con los gobiernos de la docena trágica de Echeverría y López Portillo. Una expresión muy concreta de proestatismo se manifiesta en los casos de Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad con la intención muy obvia de eliminar de los sectores petrolero y eléctrico la participación de la Iniciativa Privada. Y las recientes reformas en las materias de extinción de dominio y de evasión fiscal se han también interpretado por muchos como amenazas en contra de los derechos de propiedad.

Y en ese orden, también muy perjudicial ha resultado la muy evidente tendencia a la inacción por parte del gobierno de la 4T en los ámbitos de la seguridad y la defensa del Estado de derecho. La postura de AMLO frente a la delincuencia de “abrazos en lugar de balazos” ha sido grotesca para muchos y además preocupante. Y echándole gasolina al fuego, recientemente el presidente Andrés Manuel López Obrador calificó al llamado paro nacional por los feminicidios como una maniobra de los “conservadores” que son siempre “hipócritas”.

En realidad, no hay visos de una estrategia de seguridad  convincente y funcional. Así, en general, el panorama se aparece poco halagüeño.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico