Ayer, al leer diversas notas de prensa sobre el sector telecomunicaciones me topé con una declaración de un analista de la firma de análisis financiero y bursátil, Signum Research, quien asegura que América Móvil no puede crecer más en México, que se lo están impidiendo. De ahí, al igual que otros analistas, procede a pronosticar cuánto de sus activos vendería el agente económico preponderante e, incluso, en dónde invertiría los recursos que obtendría de esa operación.

No sé si sea simplemente una intención de sobresimplificar el análisis, de hacer una declaración ligera o un desconocimiento de qué es lo que hay detrás de lo establecido en la Constitución y en el nuevo marco legal, pero afirmar que a América Móvil se le está impidiendo crecer en México exhibe en todo caso falta de rigor en el análisis, casi similar a la falta de rigor que últimamente se ha visto en resoluciones clave del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT).

No, no se trata de no dejar crecer a América Móvil, se trata de evitar que siga incurriendo en el tipo de prácticas que no son permitidas en otros países porque impiden que haya competencia efectiva en el sector. Para los analistas bursátiles, América Móvil sin duda representaba en muchos casos una apuesta fácil, simplemente porque en el mercado mexicano hizo lo que quiso durante muchos años, frenando decisiones clave de las autoridades reguladoras, lo que como consecuencia le permitió obtener ganancias extraordinarias en nuestro mercado, sin tener que invertir -en proporción a sus ingresos- lo que sus pares sí tenían que invertir en otros mercados. Por pares me refiero a los operadores incumbentes, los que alguna vez fueron propiedad del Estado en otros países. Ahí están de prueba los niveles de EBITDA que América Móvil obtuvo en México durante varios años, en la mayoría de los años ubicándose al menos en dos veces el EBITDA que obtenían operadores similares en mercados donde sí había competencia.

Entonces, en aras de contribuir a un debate público más serio, ayudaría más decir algo así como lo siguiente: El nuevo entorno regulatorio, que busca impedir que el preponderante use prácticas indebidas como lo hizo en los primeros 17 años de competencia, significa un importante desafío para este agente económico, por lo que difícilmente podrá observarse que en adelante obtenga los niveles de ganancias del pasado . Eso es algo menos ligero que afirmar que a América Móvil no se le está permitiendo crecer en México.

Ahora bien, ésa es la intención del legislador plasmada en el nuevo marco legal. De ahí a que sea una realidad, aún hay un trecho, pues ya vimos cómo el IFT, con la misma falta de rigor, descafeína o aligera las medidas que se incorporaron en la ley. Ojalá pronto se den cuenta en ese órgano regulador que si bien la tarea que tienen encomendada no es sencilla o simple, más bien muy compleja, resulta imperativo que el análisis que sustenta cada medida regulatoria, sobre todo las más relevantes para el desarrollo de sector, para el desarrollo eficiente como lo establece la Constitución, debe ser un análisis mucho más rigorista, que busque emular aquéllos que realizan los órganos reguladores de otros países.

Aún hay tiempo de corregir. Obstinarse en no reconocer que los procesos que llevan a la adopción de medidas regulatorias aún son muy deficientes, significa condenar al fracaso los esfuerzos del presidente de la República y del Congreso para lograr un acuerdo que permitiera una reforma constitucional profunda y un marco legal acorde a esa reforma y a la imperiosa necesidad de lograr condiciones de competencia efectiva en México. Eso es lo que contribuirá a mejorar el bienestar de los mexicanos.

*El autor es senador de la República.