Nadie estaba preparado para lo que está ocurriendo en la aviación mundial. Así lo definió certeramente Patricio Sepúlveda, uno de los grandes gurús de la aviación en este continente. Por eso, sería absurdo hablar de si una empresa u otra saldrán o no de la contingencia, lo más seguro es que habrá muchos descalabros para todos los operadores y que, como lo prevén los especialistas, el número de aerolíneas a nivel mundial se reduzca en un 30% por lo menos.

Como la pandemia sigue sin estar controlada, tampoco es fácil imaginar el tiempo que tardará el sector en recuperar parte de lo que ha perdido y si llegaremos al 2030 siquiera con el pronóstico de tasas de crecimiento que traíamos al inicio de la década pasada. O sea, la recuperación va para largo.

Pero aquí también se impone la visión diferenciada. Es evidente que los países con aviación fuerte, como la Unión Europea, Estados Unidos y el Pacífico Sur saldrán más rápido y es muy probable que se apoderen de mercados que no lograron resistir el vendaval y -como suele suceder- América Latina, África, así como algunos países de Europa del Este y Asia Central, perderán protagonismo, tráfico y tardarán más tiempo en volver a crecer. Por otro lado, no se ve -al menos por ahora- que en el seno de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) se geste un movimiento hacia el restablecimiento de las aerolíneas bandera, ni todos los países tienen recursos suficientes para regresar al esquema del apoyo estatal a sus empresas aéreas. Esto sentará mal a nuestras aerolíneas que ahora tendrán que sobrevivir como puedan.

En nuestro país, al menos, ya se siente esta feroz competencia donde algunos juran que están mejor que nunca, aunque se sepa que no es así. Todas las empresas han perdido tráfico, pasajeros, cancelado aviones, suspendido rutas, todas deben dinero a arrendadores y, sobre todo, al gobierno. Eso sí, unas sufren más que otras.

Interjet está en un proceso de -dicen ellos- recapitalización pero que, de tener éxito, terminará en un cambio de manos (es difícil que Cabal Peniche pueda hacer un “préstamo” de 150 millones de dólares con la garantía de una empresa endeudada por 6 veces esa cantidad). Del cambio de manos tendrá que venir una fuerte recomposición para poder pagar o para ser rescatadas, sin que el resto de la industria se inconforme.

Tanto Volaris como Viva han cancelado sus futuras entregas de aeronaves y mientras mantienen salarios bajos, tendrán que hacer recortes al menos por los siguientes dos años. Algo similar le pasará a Aeroméxico, que ya está en Chapter 11 en Nueva York, de cuyo proceso saldrá con una buena poda. De Aeromar se sabe poco pero no es probable que salga ilesa.

El resto de las empresas regionales más pequeñas se verán también en problemas y es probable que algunas desaparezcan. No hay manera de esperar apoyo financiero, por lo que la mejor idea sería que, en lugar de pelear, las aerolíneas mexicanas lograran un acuerdo de paz para sobrevivir (no hablemos de que hagan compras conjuntas o se dividan civilizadamente el mercado porque la Cofece entraría en un loco frenesí para terminar de hundirlas). Pero esperemos que la lógica se imponga.