Este tema ni es nuevo ni es exclusivo de un país; no surge después de una elección, sino que es recurrente antes, durante y después del resultado electoral y tiene que ver con la pasión y mucho de lo que aquí he publicado en las pasadas siete semanas al destacar el uso propagandístico, estratégico y hasta de oráculo que le quieren asignar los aplaudidores y críticos; parece un mundo de locos lleno de contradicciones en la forma de juzgarlas pero no es así, son reacciones lógicas a un instrumento que poco se entiende por estar inmerso en un campo que apasiona, la política, y en momentos de alta polarización, las elecciones.

Siguiendo con la idea de plasmar mi posición al respecto a través de pequeñas aseveraciones, me permito esta octava entrega semanal sobre los temas alrededor de las encuestas de opinión pública. Al leerlas seguramente surgirán comentarios sobre el uso que le dan los políticos, su interacción con los medios, el efecto de su repetición y demás, por lo que recomiendo releer los textos donde ya se han tratado esos temas, aquí sólo se expone algo de lo que he aprendido sobre los resortes por los que el ciudadano cree o deja de creer en las encuestas:

1.- Detrás de un no creo en las encuestas hay un no me gusta el resultado de las encuestas , difícilmente escucharemos decir que no cree quien sale adelante en las preferencias o quien sale bien evaluado como gobernante.

2.- Normalmente, un ciudadano cree más en las encuestas cuando la opinión mayoritaria coincide con la suya, no importa quién ni cómo haga la encuesta, la credibilidad está más ligada a las preconcepciones que a la metodología, y cuando algún estudio muestra algo que le gusta, no importa si es poco serio y sin sustento, le asigna mayor credibilidad que al resto e incluso pasa a ser su defensor.

3.- Una paradoja es que aun quienes se dicen especiales y no influenciable por los medios y las encuestas se enojan si estas últimas presentan a una mayoría que piensa diferente a ellos, al mismo tiempo se consideran minoría y quieren ser mayoría.

4.- Hay quienes creen más en lo que ven en su colonia, su escuela, su ciudad o con sus amigos que lo que reporta una encuesta nacional; le asignan a su entorno un papel de centro del universo ; lo que perciben lo consideran más válido a pesar de saber que no hay un fundamento metodológico que lo soporte; creen saber como están las opiniones del total y esperan ver eso en cada encuesta, en caso contrario, le creen poco y a veces nada.

5.- Unos perciben lo que les rodea, otros miden las preferencias; un método es cualitativo y el otro es cuantitativo, son dos procedimientos distintos que no tienen por qué coincidir, y aunque es natural esperar que lo que percibimos en nuestro entorno se parezca a las opiniones generales, no es tan natural terminar enojados cuando esto no ocurre; no se quiere creer lo que no se quiere aceptar.

6.- Es más fácil que esté equivocado quien critica a una encuesta que la encuesta misma. Normalmente, quien le dice sesgada a una encuesta lo hace precisamente desde una posición totalmente sesgada, y por alguna razón considera que su credibilidad es mayor o, aun sabiendo que no es así, se dirige sólo al segmento que piensa como él.

7.- Creer en las encuestas, creer en los encuestadores y creer en quien analiza las encuestas son cosas distintas; en el primer caso son sólo números, en el segundo es la descripción fría que se hace con ellos y en la tercera es la interpretación política y social, en esta etapa es donde se presentan adivinadores que son los que después culpan a las encuestas, son ellos quienes deberían asumir su falta de rigor al querer seguir pronosticando.

8.- Pelearse con las encuestas es como pelearse con el espejo o con la báscula, no siempre nos gusta lo que vemos pero no por ello desaparece al negarlo; llamar falsas a las encuestas es sólo mandar el mensaje de que no nos aceptamos como nos ve el resto.

9.- En una campaña electoral podemos escuchar al mismo tiempo frases como vamos a remontar y alcanzaremos a X y somos mayoría y aunque sean declaraciones totalmente contradictorias, los seguidores de quien las dice toman ambas como correctas.

10.- ¿Creer en las encuestas? No son una religión, sólo miden lo que los ciudadanos responden, opinan, perciben, sienten, prefieren, pero si no se quiere creer en el resultado que arrojan, nada cambia, las encuestas no hacen milagros .

11.- Si una encuesta mostrara que los ciudadanos no le creen a las encuestas , se encontraría que esos mismos ciudadanos sí le creen a esa encuesta, esta contradicción le encantaría a un estudioso de la lógica, pero sólo es una muestra de que la credibilidad no está sujeta a los principios de esa disciplina.

Reitero que al hablar sólo de la credibilidad sin hablar de las causas que la generan se pierde algo de la necesaria explicación, pero esto ya fue abordado en las partes ¿El que paga gana? , Su relación con los políticos , Su relación con los medios y La estrategia , por ejemplo. En el siguiente texto y cerrando la serie, hablaré de las objeciones metodológicas y la forma de entender el mecanismo para realizar un buen estudio.