José Ángel Gurría es un político local con funciones mundiales que lo mismo atiende los asuntos propios de la globalización que los temas de la grilla mexicana.

El Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) no podrá negar nunca que su corazoncito late al ritmo del partido en el gobierno; tampoco que cabría en su cabeza alguna ambición en la política mexicana.

Durante muchos años ha sido una tradición que Gurría Treviño emita opiniones respecto de la situación económica y política de su país. Uno de los más férreos impulsores de los cambios estructurales desde su posición de influencia global ha sido este ex Secretario de Hacienda.

Hoy se le escucha muy optimista, tras el paquete de cambios logrado el año pasado. Tanto que para el titular de la OCDE uno de los muy pocos mandatarios que podrá llegar a presumir algo al Foro Económico Mundial de Davos será el presidente Enrique Peña Nieto.

No deja de presumir que con las reformas alcanzadas la economía mexicana se enfila a tener un crecimiento mucho más cercano a 4% este año, un pronóstico avalado con mucho gusto por la propia Secretaría de Hacienda.

Es predecible que Gurría incremente su presencia mediática en México porque su partido está en el poder, porque el país ha tomado un camino que él mismo avala y promueve. También porque lleva ya casi ocho años al frente de la OCDE, y esos cargos mundiales de primera línea no son para siempre.

No se trata de hacer futurismo con las elecciones presidenciales tan lejanas, pero sí de tener en el radar a un hombre tan polémico como valioso.

Pero nadie ni Gurría, ni el gobierno federal ni el sector empresarial debe perder de vista que todavía falta mucho antes de que se puedan concretar las reformas recién aprobadas.

Hay un efecto positivo por su simple aprobación, pero la ausencia de leyes secundarias hace de cambios tan importantes como la reforma energética, la política o la de telecomunicaciones, una simple promesa.

El apuro de sacar adelante los cambios constitucionales en materia energética implicó incumplir el plazo que recién se había fijado el Congreso para aprobar las leyes reglamentarias en materia de telecomunicaciones.

Es imposible cerrar los ojos a la situación de Michoacán y el conflicto armado que ahí se vive. Si no quieren llamarle Estado fallido, guerra civil, ausencia de Estado de Derecho, adelante; la realidad es muy necia y echa por tierra cualquier eufemismo.

Las presiones inflacionarias se han hecho presentes y uno de los máximos valores financieros es la estabilidad de precios conseguida. Es un hecho que el Banco de México no permitirá su sacrificio.

José Ángel Gurría ya sabe lo que es que se caiga la sopa entre el plato y la boca. A él como Secretario de Hacienda le tocó la crisis de los precios del petróleo, cuando un barril del hidrocarburo se derrumbó hasta los 8 dólares y tuvo que recortar dramáticamente el gasto.

Así que prudencia en lo que se presume y perseverancia en lo que falta son valores que tanto este político priísta de fama mundial como el gobierno federal deben practicar como su credo para este año.