Hace una semana, fue el amago a las importaciones chinas, que fueron gravadas con 50,000 millones de dólares en aranceles. Este jueves, México, Canadá y la Unión Europea fueron blanco de los caprichos del un poco ortodoxo Donald Trump y, a partir del primer minuto de junio, aplicarán aranceles especiales sobre las importaciones de acero y aluminio.

La renegociación del tratado de libre comercio, en un tris por la política pendular del presidente de Estados Unidos. La economía de todo el mundo lleva más de 16 meses en un “perpetuo estado de incertidumbre”, definió con exactitud Daniel J. Ikenson, investigador de Instituto Cato.

La imposición de las tarifas —25% a las importaciones de acero y 10% al aluminio— deriva de dos investigaciones realizadas por el Departamento de Comercio estadounidense, bajo la sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, que determinó que las importaciones de acero y aluminio “amenazan dañar la seguridad nacional” de Estados Unidos. Ese estatuto, rara vez invocado, otorga al Ejecutivo amplia discreción para definir lo que constituye una amenaza a la seguridad nacional y, en consecuencia, prescribir las acciones que las mitiguen.

Trump amagó hace dos meses con esta ofensiva. Sólo Corea del Sur consintió a los chantajes: concedió nuevos límites a sus exportaciones de acero y aumentó el porcentaje de automóviles fabricados en Estados Unidos que pueden venderse en su territorio sin cumplir con todos los estándares ambientales locales.

“Proteccionismo, puro y simple”, se quejó amargamente Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea. El presidente francés, Emmanuel Macron, calificó los aranceles estadounidenses de ilegales y un error. “Dólar por dólar”, prometió el premier canadiense, Justin Trudeau, tras de anunciar aranceles a productos estadounidenses hasta por 16,600 millones dólares canadienses, el equivalente al valor total de las exportaciones canadienses de acero a la Unión Americana. Esas tarifas cubrirán acero y aluminio, así como el jugo de naranja, el whisky y otros productos alimenticios.

“Que Canadá pueda considerarse una amenaza a la seguridad nacional para Estados Unidos es inconcebible”, censuró Trudeau.

México también reaccionó con rapidez y virulencia a las “inaceptables” medidas anunciadas en la víspera por Wilbur Ross, con aranceles a las importaciones de carne de cerdo, uvas, manzanas, arándanos, quesos y lácteos, además del acero ligero, “hasta una cantidad comparable” al daño causado por la acción de los Estados Unidos.

¿Dólar por dólar? Una guerra comercial entre México y Estados Unidos afectaría, sin duda, a la industria automotriz, pero también al intercambio de productos agrícolas entre ambas naciones. Más, si el gobierno peñista sigue el ejemplo europeo, de recurrir a la Organización Mundial de Comercio, en Ginebra.

Bruselas ha puesto la mira en los jeans de Levi's, las motocicletas Harley-Davidson y el bourbon. En el caso del intercambio entre México y Estados Unidos, tan sólo en el 2017 las exportaciones agropecuarias de nuestro país sumaron cerca de 15,974 millones de dólares, de los cuales 3,201 millones fueron de aguacates, siendo Estados Unidos el principal comprador, con 80% de la producción.

La imposición de aranceles al acero y al aluminio mexicanos coincidió con la decisión de la Sagarpa de incrementar el precio de Ingreso Objetivo para los granos y las oleaginosas. Luego de un análisis minucioso, la dependencia encabezada por Baltazar Hinojosa decretó modificar las reglas de operación del Programa de Apoyos a la Comercialización, de tal modo que el maíz pasó de 3,300 pesos por tonelada a 3,960; el trigo panificable, de 4,000 a 5,010 pesos; el trigo cristalino, de 3,750 pesos a 4,556; el sorgo, de 2,970 a 3,564 pesos, y en el caso de la soya, cártamo y canola el monto pasó de 6,600 a 8,400 pesos por tonelada. Con este incremento, valoró el secretario Baltazar Hinojosa Ochoa, se busca generar certidumbre comercial en las actividades del sector agroalimentario y contribuir al ordenamiento y desarrollo de mercados,

La frontera de México con Estados Unidos encuentra entre las 10 más largas del mundo, con 3,141 kilómetros de longitud y un intercambio de productos por 700,000 millones de dólares en bienes entre ambos países en un año.

“Una guerra comercial no dejaría ganadores”, advirtió anoche María Fernanda Garza, encargada del capítulo local de la International Chamber of Commerce. “El proteccionismo, la desconfianza, el bajo crecimiento económico y las actuaciones irresponsables de los líderes nos llevaron ya en el pasado a dos guerras mundiales. Estamos ciertos de que el comercio y la inversión entre las naciones son ingredientes esenciales para alcanzar una paz duradera y una prosperidad compartida a nivel mundial”.

Efectos secundarios

EMISARIOS. Para inquirir ánimos y voluntades, Jaime González Aguadé buscó al expresidente Felipe Calderón Hinojosa un par de días antes del segundo debate presidencial. Tras de una breve estancia en Tijuana, el expresidente de la CNBV regresó a la Ciudad de México para cumplir la encomienda de su jefe, el candidato José Antonio Meade Kuribreña, de tener información de primera mano sobre lo que hará Margarita Zavala en el corto plazo. Un gesto que apuntaría a la dirección de un acuerdo sería el apoyo público del exvocero de la candidata independiente Jorge Camacho al abanderado presidencial del PRI, acompañado por la subsecuente descalificación al panista Ricardo Anaya.

Alberto Aguirre

Periodista

Signos vitales

Periodista y columnista de El Economista, autor de Doña Perpetua: el poder y la opulencia de Elba Esther Gordillo. Elba Esther Gordillo contra la SEP.