¿Ganamos o perdemos? Las encuestas confirman que el pesimismo es creciente, pero no responden a la cuestión fundamental: ¿avanzamos o no?

¿Habrá leído Alejandro Poiré con cuidado el informe sobre las drogas que produjo la comisión de la ONU y está disponible en Internet? Guerra a las Drogas es un documento rico en matices, a pesar de su brevedad (apenas 24 páginas). La respuesta del vocero de Seguridad Nacional fue seca y denota poco interés en aprovechar las recomendaciones: La legalización de las drogas no termina con la delincuencia organizada ni con la violencia , declaró. Para qué ocuparse de los puntos grises, si el blanco y el negro están muy claros, parece decir.

Romper el tabú, ése es el mensaje principal del informe. No se trata de dejar de pelear, sino hacerlo de una manera más inteligente , afirma el expresidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, uno de los autores del informe: No estamos diciendo: ‘Detengan la guerra y legalicen’. Es más complejo. Entre la prohibición y la legalización hay una enorme variedad de soluciones intermedias; hay que explorarlas .

El informe Guerra a las Drogas contiene 11 recomendaciones. La mayor parte de los medios de comunicación se fue por la nota y se concentró en las número dos y tres, que tienen que ver con la despenalización severa de las drogas para consumidores que no hagan daño a terceros y para pequeños productores de marihuana u hoja de coca. A los titulares de la prensa y los medios electrónicos no alcanzó a llegar el razonamiento complejo. La Comisión no pide una eliminación total de las sanciones, sino un enfoque donde la reacción principal sea la atención de los servicios de salud y no la acción policiaca o militar.

Eso costaría una fortuna, pero no necesariamente más de lo que se ha gastado con el enfoque actual. El dinero que se ha empleado en esta guerra podría ser más eficaz si se utiliza de otra forma, indica Richard Branson, el billonario británico que también participó en la elaboración de las recomendaciones.

La guerra a las drogas fue declarada en junio de 1971 por Richard Nixon. En estas cuatro décadas, EU ha gastado de US1 billón a 1.5 billones en policías, cárceles y propaganda, principalmente. El caso de México ni permite hacer un cálculo. Basta saber que para el 2011 están presupuestados US9,400 millones para instituciones de seguridad pública federal y US2,238 millones para ejercerse en el nivel local. Es el máximo histórico, pero imposible saber cuánto se dedica a la guerra al crimen organizado.

¿Estamos ganando o perdiendo? Las encuestas nos confirman que el pesimismo es creciente, pero no son un instrumento para responder a la cuestión fundamental: ¿estamos avanzando o retrocediendo? Por eso es tan importante el punto cuatro de las recomendaciones: establecer mejores mediciones, indicadores y metas para medir el progreso. La guerra al crimen organizado será uno de los grandes temas del final del sexenio para México y no podemos dejar que los políticos y la mercadotecnia política impongan su filtro. La Comisión propone medir, entre otras cosas, el número de víctimas de violencia e intimidación relacionadas con el mercado de las drogas; los niveles de desarrollo social y económico en las comunidades donde se concentra la producción y el nivel de dependencia a drogas por comunidades.

¿Estamos listos para un debate abierto y de calidad sobre la guerra a las drogas? Empecemos con mejorar la forma en que se miden y comunican los costos del esfuerzo actual.

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