Los europeos se aferran a mantener con vida a un compañero de la moneda única que está en coma, ?que sufre y cuyo pronóstico es, a estas alturas, terminal.

La eutanasia es, de acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, la acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con el consentimiento o sin él.

Como si se tratara de un debate moral o hasta religioso, los europeos están aferrados a mantener con vida a un compañero de la moneda única que está en coma, que está sufriendo y cuyo pronóstico es ya, a estas alturas, terminal.

Grecia fue un lujo innecesario en un afán de darle un cuerpo robusto a una moneda única que pudiera impresionar al dólar estadounidense o al yen japonés.

El cerebro y el músculo estaban en el marco alemán, contaban con la pasión y el corazón del franco francés, la creatividad de los países nórdicos y la fuerza laboral del sur. Sólo que este cuerpo está unido por un hilo endeble: el financiero.

Europa rehuyó a darle un esqueleto político a su unidad. En lugar de ello, le dio ropajes de lujo con una moneda única que incluía compromisos a la palabra de mantener todos el mismo ritmo y la misma salud financiera.

Alemania corre por naturaleza. Es más, su paso normal es como un sprint para los demás, que decidieron ingerir los esteroides de la deuda y el déficit para mantener el paso teutón. Pero esas drogas tienen consecuencias.

España o Italia son naciones tan indispensables como irresponsables en el manejo financiero de la unidad monetaria, pero Grecia fue un lujo incomprensible para la unidad.

La nación helénica no podía ganarse su lugar en el concierto económico europeo por ser la cuna de la civilización occidental. El valor histórico es muy alto, pero como en el caso de Egipto, tanta carga histórica y cultural no les compra un lugar en estos tiempos.

En Europa son muchos los que están aferrados a que Grecia se mantenga dentro del cuerpo de la moneda única. Y no tanto por un amor a la nación helena, sino por el efecto dominó que podría traer para la región el que la pieza ciertamente más débil haya finalmente sucumbido.

Pero por otro lado, no extirpar este cáncer financiero amenaza con provocar metástasis hacia otros países y acabar por matar al paciente griego.

En los mercados a Grecia ya se le conoce como Grexit, Greece and exit , la mezcla del nombre del país más su inminente salida del bloque. Esa posibilidad cada vez está más cercana a pesar de que implicaría un caos todavía inimaginable.

Los europeos que imaginan el escenario sienten cómo se eriza la piel al tiempo que piensan que podría no haber más remedio que el regreso de Grecia al dracma, la moneda local abandonada hace más de una década para asumir la ilusión y los costos del euro.

La Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, organismo participante en el rescate griego, habla ya de una posible salida ordenada de la zona euro de esta nación.

Está claro que se han hecho esfuerzos extraordinarios para mantener a Grecia en la región de la moneda común, más que como un acto de humanidad con ese pueblo, como una forma de salvar el pellejo propio en los mercados financieros.

El principal acreedor de Grecia es Francia, una quiebra en Grecia implicaría una corrida gigantesca en España, que tiene serios problemas de desequilibrio fiscal y una deuda interna descomunal. Italia ha demostrado mayor tenacidad para hacer las correcciones pertinentes, pero imposible que no reciba el castigo de los mercados.

Para tener una mejor perspectiva del tamaño del problema, hay que ver el comportamiento del peso frente al dólar. La simple expectativa de que Grecia no cumpla con sus compromisos ha provocado un vuelo a la calidad con cargo a las monedas emergentes.

Los griegos están hartos de la crisis que lleva cinco años de caídas constantes en su economía y ahora, en añadidura, les recetan desde el exterior bajas en los salarios, pérdida de bienestar social, tensión política.

Es evidente que no hay forma de convencerlos de que tanto sacrificio es para bien. Van a tener que regresar a las urnas dentro de exactamente un mes a decidir si quieren seguir con los sacrificios conocidos o con la promesa de algo diferente que les plantean los grupos extremistas.

Grecia tiene un pie fuera de la zona euro, esto implicará una de las peores historias económicas contemporáneas para ese país y un sismo financiero de grandes proporciones para el mundo.