Imagínense un país que vive el error de diciembre de 1994, un terremoto como el de 1985 y los efectos de la influenza porcina. Eso está pasando en Grecia.

Grecia está en quiebra. Los expertos financieros dan por hecho que en cualquier momento declarará una moratoria al pago de su deuda. Las perspectivas de estos expertos son terribles, pero palidecen ante lo que está ocurriendo en la microeconomía y la sociedad.

El tejido se está desgarrando. Una cuarta parte de todas las empresas griegas han cerrado sus puertas desde el 2009. De los jóvenes menores de 25 años, 49% está desempleado. La mitad de los negocios pequeños está imposibilitada para pagar los sueldos. El saldo promedio en las cuentas de ahorro ha caído 30 por ciento. La tasa de suicidios se ha incrementado 40% entre el 2008 y el 2011. Las solicitudes de migración a Australia y EU se han multiplicado por un factor de 300.

El país helénico lleva cinco años de decrecimiento económico consecutivo. Está empezando a abrirse paso en los libros de récords. La caída en el 2011 fue de 6.8% y la proyección para el 2012 prevé otro bajón mayor a 5 por ciento. ¿Cómo poner en perspectiva estas caídas del PIB? Podemos recordar que México tuvo un descenso de 6.1% en 1995 y 6.5% en el 2009. Expresados en forma numérica no parecen tan gran cosa, piensen que estas caídas sólo se registran cuando un país está en guerra o sufre un desastre natural de esos que marcan una generación.

Imagínense un país que viviera un año el error de diciembre de 1994; al año siguiente un terremoto como el de 1985, y dos años después los efectos de la influenza porcina. Eso es más o menos lo que está pasando en Grecia.

El país que gobierna Papademos va en ruta de acumular siete años de decrecimiento económico. La caída total de su economía podría llegar a 30%, suponiendo que se cumplan los pronósticos de otro descenso de 3 a 5% para el 2013. Esto es más que 29% que la Gran Depresión del siglo XX le costó a EU y mucho más que 21% con el que Argentina inauguró el tercer milenio.

Grecia no sólo está entrando en los libros de los récords que nadie quiere. También se está convirtiendo en un laboratorio social. En ella estamos viendo la puesta en escena de graves cuestiones: cuánto deterioro económico aguanta una sociedad antes de romperse. Cómo sucede la quiebra de un país en los tiempos de la globalización.

La crisis financiera ha entrado a una fase de grandes riesgos sociales. Esto quiere decir entrar a la dimensión desconocida. Los expertos de las finanzas tienen métodos precisos para hacer cálculos sobre la capacidad de pago de un gobierno o una empresa. No existe, sin embargo, un expertise similar para evaluar la capacidad de aguante de una sociedad.

El desafío de entenderlo es mayúsculo. Lo sabe el Foro Económico Mundial de Davos, que incorporó el riesgo de fractura social en su mapa de grandes amenazas para el mundo, junto con las catástrofes naturales relacionadas con el cambio climático, la ciberdelincuencia y la escasez de recursos naturales.

El riesgo son los estallidos fuera de control, nadie piensa en una revolución al estilo de los años 60, me explica Álvaro Pérez, experto uruguayo en temas monetarios con varios años de vida en la diplomacia. El año pasado las protestas de la Primavera Árabe dominaron el escenario. ¿Estamos en vísperas de una primavera mediterránea? ¿Qué cara tiene una revuelta donde hay más furia que esperanza?

lmgonzalez@eleconomista.com.mx