Grecia está en quiebra. Es un país de 10.7 millones de habitantes que tiene la quinta mayor deuda externa del mundo. Lleva 32 meses de crecimiento económico negativo y 40% de su población menor de 30 años está desempleada.

El milagro griego duró menos de una década. Su ingreso a la Unión Europea (UE) le permitió casi duplicar el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita y organizar unas Olimpiadas. Muy poco después del apagón de la flama olímpica, se desvaneció la magia.

El nivel del gasto público se volvió insostenible, lo mismo que los niveles de vida. La última estadística oficial dice que 787,229 personas están desempleadas, 30% más que en el 2010. Hay 4 millones 178,000 trabajando, 225,000 menos que el año pasado.

Desde hace tres años, la situación económica se ha ido deteriorando. La fortaleza del euro le ha quitado competitividad a sus exportaciones. El tamaño del gobierno se ha convertido en una roca que lastra al país. El sector público representa 40% del PIB. Su déficit es 9.4% del producto nacional.

Grecia está en los titulares de la prensa económica mundial desde principios del año pasado. En mayo del 2001 la Unión Europea le otorgó un crédito de 110,000 millones de dólares para evitar un default y garantizar su permanencia en la zona euro. Fue un curita para afrontar una hemorragia. Las cosas no han mejorado desde entonces. Está en una posición tan delicada que sólo le queda optar por lo doloroso o lo terrible.

Las alternativas son, al igual que hace un año, forzar una reestructuración de su deuda externa a través de una suspensión de pagos y la salida de la zona euro.

La primera golpearía a los bancos alemanes y franceses. La segunda significaría el primer gran fracaso de la nueva Europa.

Casi nadie piensa que es posible un tercer escenario: el cumplimiento de los pagos y la ejecución del plan de austeridad diseñado por las autoridades europeas.

El gobierno redujo su déficit de 15 a 9.4% del PIB en un año. Estaría obligado a hacer una reducción similar antes de que termine el 2012. Hacerlo implicaría incrementar el nivel de desempleo y profundizar la caída del PIB. No hacerlo le obligaría a recurrir a los mercados de capital para obtener más dinero.

Son pocos los valientes dispuestos a prestar. Ellos exigen una tasa que es impagable para una economía que ha caído más de 9% desde el 2009 a la fecha.

El saldo de su débito es superior a los 420,000 millones de dólares. Sólo Estados Unidos tiene una deuda per cápita mayor que la griega. Del presupuesto público, 15% se está dedicando al servicio de la deuda y no basta. Ésta sigue creciendo, alimentada por el déficit de las finanzas públicas, principalmente.

Grecia es importante, porque lo que allí ocurra tendrá un enorme impacto en Europa, así lo dice un análisis de Bearemy Glaser, de Morning Star.

Hay un riesgo de contagio a Portugal e Irlanda, que ya han recibido apoyos parecidos a los de Grecia. Un default obligaría a los bancos acreedores a tomar pérdidas multimillonarias, en un momento en el que apenas se están recuperando del batacazo del 2008.

El ahondamiento de la crisis griega haría más lento el crecimiento de la zona euro, en la medida en que añadiría incertidumbre a un momento difícil. Por último, tendría un impacto en el mercado mundial de divisas, con un debilitamiento del euro en favor de otras monedas.

Grecia está en quiebra. Es un país de sólo 131,000 kilómetros cuadrados, pero el desenlace de su tragedia marcará a la zona euro.

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